Caso: Psicóloga de Coquimbo
Vimos un Ovni Triangular sobre nosotros
Investigación por: Iván Vega Recabal
Nombre del testigo: Carla —nombre ficticio utilizado para proteger su identidad—.
Ciudad y País: Coquimbo, Chile.
Fecha del incidente: diciembre de 2004.
Hora aproximada: 19:00 horas.
Cantidad de Testigos: 3
Dirección o Coordenadas: Sector Villa del Mar, Peñuelas, Coquimbo.
Coordenadas: 29°57'10"S 71°17'47"W Link
En este testimonio conoceremos la experiencia de una psicóloga a quien llamaremos Carla —nombre ficticio utilizado para proteger su identidad—, quien accedió a compartir un episodio ocurrido en diciembre de 2004, cuando se encontraba en el sector de Peñuelas, en la ciudad de Coquimbo, Chile. En aquel entonces visitaba a quien era su novio y que, años más tarde, se convertiría en su esposo.
Los hechos se desarrollaron durante una tranquila tarde de verano, cerca de las 19:00 horas, mientras ambos regresaban a una vivienda del sector. Un tercer testigo, vecino del lugar, también estuvo presente durante parte de la experiencia. Lo sucedido aquella tarde permanecería en la memoria de la pareja durante los años siguientes.
Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI.
Buenas tardes. Escribo para compartir la experiencia de avistamiento OVNI que tuvimos mi esposo y yo. Han pasado muchos años desde aquel día, así que él también me ayudó a reconstruir algunos detalles del recuerdo.
Todo ocurrió en Villa del Mar, sector de Peñuelas, en Coquimbo. En aquella época yo estaba visitando a quien entonces era mi pololo, hoy mi esposo.
Era diciembre de 2004. Habíamos salido a comprar insumos para la cena y regresábamos a la casa. Eran cerca de las 19:00 horas y todavía había sol, aunque ya comenzaba a atardecer.
Estábamos llegando cuando, de pronto, a ambos nos dio por mirar hacia el cielo en dirección al oeste.
Fue entonces cuando vimos una enorme luz.
Parecía un gran foco suspendido en el cielo. Calculamos que se encontraba aproximadamente a una altura comparable con la de un edificio de veinte pisos, sobre el sector de Avenida del Mar.
Nuestra primera impresión fue que podía tratarse de un helicóptero, pero no escuchábamos ningún ruido.
Seguimos observando y vimos cómo aquella luz comenzó a subir. Poco después parecía encontrarse sobre nosotros.
En ese momento, un vecino estaba afuera regando el antejardín de su casa. Él también comenzó a mirar hacia el cielo y se involucró en nuestra conversación. Los tres tratábamos de entender qué estábamos viendo.
El vecino también decía que aquello no parecía un helicóptero.
Comenzamos entonces a descartar posibilidades. La luz era claramente visible, pero no lográbamos distinguir con precisión de dónde provenía. Personalmente, tenía la impresión de que aquella luz provenía de algo de forma triangular, aunque no podía distinguirlo con claridad. Mi esposo, en cambio, solo recuerda la luz.
Durante aproximadamente dos minutos aquello permaneció aparentemente quieto sobre nosotros.
Fueron dos minutos que parecieron mucho más largos.
Recuerdo haber tenido una sensación muy extraña, como si aquello estuviera observándonos. No puedo asegurar que eso fuera realmente lo que estaba ocurriendo, pero así lo sentí en ese momento.
Después, de un segundo a otro, comenzó a desplazarse rápidamente hacia el norte.
En cuestión de segundos parecía encontrarse sobre el cerro de Punta Teatinos.
El vecino quedó tan anonadado como nosotros y entró rápidamente a su casa. Mi esposo y yo permanecimos afuera esperando para ver qué hacía aquello.
Queríamos saber si regresaría, si cambiaría de dirección o si sucedería algo más.
Pero continuó su trayecto hacia el norte.
A medida que se alejaba se hizo cada vez más difícil distinguirlo, hasta que finalmente lo perdimos de vista.
Creo que fueron los dos minutos más asombrosos que he vivido.
Y hasta el día de hoy seguimos preguntándonos qué fue realmente aquello.
Pero esta no es la única experiencia extraña que forma parte de mi historia.
Desde que nací tengo una marca en la espalda, sobre el omóplato derecho. Según recuerdo por lo que me contó mi madre, se trata de cuatro hendiduras que en conjunto tienen aproximadamente cinco centímetros de diámetro.
Mi madre siempre me dijo que esa marca estaba presente desde mi nacimiento.
Según ella, cuando yo nací el médico no encontró una explicación clara para su origen, aunque tampoco consideró que representara algún riesgo o daño para mi salud. Por eso no le dio demasiada importancia.
La explicación que le habría dado a mi madre fue que quizá yo misma podía habérmela provocado durante mi desarrollo embrionario, al tocarme la espalda mientras estaba en el vientre.
Yo crecí con esa explicación y durante muchos años no me cuestioné demasiado el origen de la marca.
Nunca me produjo ningún problema físico y siempre estuvo allí.
Sin embargo, hace algún tiempo retomé mi interés por el fenómeno OVNI y volví a ver antiguos episodios del programa OVNI, emitido por TVN alrededor del año 2000.
Entre ellos vi nuevamente un episodio que recuerdo como “El incidente de Ketty”.
En ese capítulo mostraban el caso de una mujer que tenía marcas en el cuerpo y, en algún momento, aparecían también imágenes de otras personas que supuestamente presentaban cicatrices o hendiduras después de experiencias extrañas.
Una de esas imágenes me llamó mucho la atención porque las marcas que mostraban tenían cierto parecido con las mías.
Eso hizo que volviera a preguntarme por mi propia cicatriz.
Pensé que, después de tantos años, quizás mi madre podía recordar algo que nunca antes me hubiera contado.
Entonces la llamé y le pregunté si recordaba algún incidente o acontecimiento extraño mientras estaba embarazada de mí.
Al principio no recordó nada de inmediato.
Después, mientras estaba junto a mi abuela materna, ambas comenzaron a reconstruir una historia que había ocurrido cuando mi madre todavía estaba embarazada.
Mi madre me envió un audio contándome lo que recordaban.
En aquella época ella se había ido temporalmente a vivir con sus padres en Ovalle, en la población José Tomás Ovalle.
La casa estaba frente a una quebrada y, al otro lado, se encontraba el sector del cerro Tamaya.
Mi madre calculaba que debía tener alrededor de cinco o seis meses de embarazo, así que probablemente ocurrió entre junio y julio de 1982.
Era de noche.
Los dormitorios de mis abuelos y el de mi madre tenían ventanas orientadas hacia la quebrada.
Aquella noche mi madre estaba esperando a mi papá, que había salido con unos amigos.
Mis abuelos también estaban despiertos.
Eran aproximadamente las doce de la noche cuando escucharon gritos desde afuera.
Era mi papá, que regresaba en motocicleta.
Según lo que después reconstruyeron, al acercarse a la casa habría visto algo fuera de la ventana de la pieza de mi madre.
Él lo describió como un “hombre de luz”.
Al parecer se impresionó mucho y también sintió miedo de que pudiera pasarle algo a mi madre, porque entró corriendo y gritando a la casa.
Mis abuelos miraron por la ventana.
Ellos no dijeron haber visto una figura como la que describió mi papá, pero sí recordaban haber visto algo parecido a un haz de luz.
Mi madre, en cambio, no se atrevió a mirar.
Ella recuerda que estaba medio dormida esperando a mi papá y tampoco recuerda haber visto luces antes de que él llegara.
Eso es lo que mi madre y mi abuela lograron reconstruir tantos años después.
Yo no conocía con detalle esa historia hasta que comencé a preguntar.
Y fue precisamente porque volví a pensar en la marca de mi espalda que terminé preguntándole a mi madre si había ocurrido algo extraño durante el embarazo.
No sé si existe alguna relación entre una cosa y la otra.
Solo sé que nací con esa marca, que siempre ha estado sobre mi omóplato derecho y que, a mis cuarenta años, todavía no tengo una explicación que me deje completamente satisfecha sobre su origen.
Con el tiempo también me he enterado de otros testimonios de avistamientos dentro de mi propia familia.
Algunos de esos relatos los fui conociendo mucho después.
Todo esto ha hecho que vuelva a pensar en muchas experiencias y recuerdos que antes consideraba separados.
Pero, de todas maneras, el episodio que viví en Peñuelas en diciembre de 2004 sigue siendo uno de los recuerdos más impresionantes de mi vida.
Todavía puedo imaginar aquella luz sobre nosotros.
Todavía recuerdo el silencio.
Todavía recuerdo al vecino mirando el cielo con nosotros.
Y todavía recuerdo lo rápido que aquello se desplazó hacia el norte, hasta perderse en la distancia.
Han pasado muchos años.
Pero la pregunta sigue siendo la misma:
¿Qué fue realmente aquello?
Copyright: This testimony is protected by copyright and forms
part of the research material of writer and investigator Iván Vega
Recabal. Its complete publication will be included in his upcoming book.
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