Caso: Samuel Delgado
La Luz que lo llamó
Investigación por: Iván Vega Recabal
Nombre del testigo: Samuel Delgado.
Ciudad y País: San Bernardo, Santiago, Chile.
Fecha del incidente: Julio de 2001, aproximadamente a mediados de mes, un viernes.
Hora aproximada: Entre las 20:00 y las 21:30 horas.
Cantidad de Testigos: 2 testigos directos de la luz (Samuel Delgado y su madre); además, familiares y vecinos percibieron fenómenos asociados, principalmente el zumbido, los destellos y las condiciones ambientales inusuales.
Dirección o Coordenadas: Comuna de San Bernardo, Santiago de Chile.
Samuel Delgado tenía aproximadamente 21 años cuando vivía en la comuna de San Bernardo, en Santiago de Chile. Era julio de 2001, pleno invierno, y por aquel entonces estudiaba una carrera relacionada con el sonido, mientras mantenía un profundo interés por la música y la astronomía.
Una noche de aquel mes, mientras Samuel se encontraba en su hogar junto a parte de su familia, comenzó una experiencia que permanecería en su memoria durante las décadas siguientes. Lo ocurrido aquella jornada marcaría un punto significativo en su historia personal y en la forma en que posteriormente interpretaría determinadas experiencias de su vida.
Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI.
Bueno, comienzo mi relato. Mi nombre es Samuel Delgado. Soy de la ciudad de Santiago de Chile, específicamente de la comuna de El Bosque. En el año 2001, cuando me ocurrió este suceso, yo vivía en la comuna de San Bernardo y tenía aproximadamente 21 años.
En aquel entonces tenía muchas expectativas diferentes respecto de mi futuro. Quería convertirme en un gran músico o trabajar en un importante estudio de postproducción. Hoy tengo 42 años y me desempeño como ingeniero en Ejecución y Administración de Redes.
Ese año me encontraba estudiando una carrera del área de técnico de sonido. Siempre fui un joven de casa, muy cercano a mi familia. Tenía mis amigos, pero no acostumbraba salir a fiestas; hacía deporte y siempre me gustó mucho la música.
Al mismo tiempo, sentía una enorme fascinación por la astronomía. Podría decir que era una especie de pseudoastrónomo amateur, muy aficionado y con bastante conocimiento sobre temas relacionados con el espacio. Admiraba las estrellas, conocía los planetas y sabía identificar varios objetos del cielo. Sin embargo, finalmente decidí estudiar sonido porque la música constituía mi otra gran pasión.
Me encontraba terminando el primer semestre de mis estudios. Era pleno invierno, una época en que el frío en Santiago puede sentirse con mucha intensidad, especialmente durante las mañanas y las noches. Recuerdo que, en invierno, el frío me calaba profundamente los huesos.
Era un viernes del mes de julio, aproximadamente a mediados de mes. Me encontraba en casa, en mi habitación, viendo alguna película. Aquel día, específicamente, el clima comenzó a sentirse bastante extraño.
Era pleno invierno y se acercaban las ocho de la noche cuando la temperatura empezó a subir de manera muy brusca. Recuerdo perfectamente ese detalle porque muchas personas, incluidos algunos vecinos, mi mamá, uno de mis hermanos y yo, andábamos prácticamente en polera. La temperatura parecía casi tropical.
Algo extraño estaba sucediendo con el ambiente, pero ninguno de nosotros sabía explicar por qué. En ese momento simplemente pensamos que podía tratarse de una anomalía puntual del clima de aquel día.
Mientras observábamos ese ambiente que ya nos parecía extraño —nuboso y, al mismo tiempo, inusualmente tibio—, comenzó a escucharse un zumbido constante. Era un sonido similar al producido por la turbina de un avión.
Lo extraño era que ese supuesto avión nunca aparecía ni terminaba de pasar.
El sonido permanecía allí.
Era continuo.
El zumbido se mantuvo durante bastante tiempo; aproximadamente un par de horas, según recuerdo.
Mientras tanto, mi mamá y yo continuábamos observando que el clima seguía comportándose de una manera muy extraña. Incluso las aves parecían reaccionar ante aquel sonido. Había mucho movimiento de pájaros por distintos lugares y la sensación era que aquello provenía de un punto específico situado directamente sobre nuestra casa.
Digo "sobre nuestra casa" porque, debido a la intensidad y procedencia aparente del sonido, mi impresión era que no podía encontrarse mucho más allá de unos 500 metros.
Después de permanecer bastante tiempo percibiendo aquella extraña situación en el ambiente, acompañada por ese zumbido que parecía no desplazarse nunca, comenzamos a observar destellos en el cielo.
Eran similares a flashes de cámaras fotográficas.
En un principio pensamos que podían ser relámpagos provenientes de las nubes, pero, desde nuestra percepción, no parecían comportarse como relámpagos normales.
Finalmente decidí acostarme, porque ya eran cerca de las nueve y media de la noche. Si bien todo aquello resultaba bastante extraño, pensé que tampoco conseguiría nada quedándome allí durante horas mirando hacia el cielo.
Llegué a mi habitación y me puse a ver televisión.
Entonces ocurrió algo que todavía recuerdo claramente.
De pronto sentí una voz dentro de mi cabeza que me dijo:
"Samuel, sal a mirar".
Aunque pueda parecer increíble, así fue como lo experimenté.
Sentí inmediatamente una necesidad muy fuerte de salir y mirar hacia el exterior. Fui hasta la entrada del antejardín, levanté la cabeza hacia el cielo y dije:
"Señor, quiero ver lo que hay allí".
Lo pedí de esa forma porque soy cristiano y mi manera de interpretar muchas de las experiencias importantes de mi vida siempre ha estado relacionada con mi fe.
Fue entonces cuando, de pronto, vi sobre mi cabeza, a una altura que calculé en no más de 100 metros, una luz extremadamente intensa. Era similar a unos focos LED de gran potencia y tenía un color completamente blanco. Su intensidad me parecía comparable a la del Sol, aunque existía una diferencia que me resultaba desconcertante: aquella luz no parecía iluminar todo el sector, sino principalmente el lugar donde me encontraba yo.
En ese momento vi cómo la luz descendía desde entre las nubes hasta alcanzar aproximadamente la altura que mencioné. Desde mi posición podía apreciar una forma aparentemente ovalada.
Intenté hablar.
Quería llamar a alguien para tener testigos de lo que estaba observando.
Traté de llamar a mi mamá con todas mis fuerzas, pero no pude hacerlo.
La voz simplemente no me salía.
Me encontraba paralizado.
Hasta el día de hoy no puedo asegurar exactamente qué ocurrió durante ese estado de parálisis porque no recuerdo completamente aquella parte de la experiencia. Mi percepción del tiempo parecía haberse alterado. Por ese motivo tampoco puedo afirmar si la luz descendió todavía más, hasta el lugar exacto donde yo me encontraba, ni reconstruir con precisión todos los detalles de ese momento.
Hay además otro elemento que recuerdo.
El sonido ambiental cambió.
Cuando aquella luz descendió, el zumbido que durante tanto tiempo habíamos asociado a una especie de turbina dejó de escucharse.
De pronto, ya no estaba.
Mientras tanto, yo continuaba inmóvil, observando aquella luz sobre la casa de mi mamá, directamente sobre mí. Intentaba llamarla una y otra vez, hasta que finalmente conseguí recuperar la voz y grité con todas mis fuerzas:
"¡Mamáaaa!".
No sé cuánto tiempo había transcurrido.
Cuando ella acudió al escucharme, alcanzó a observar parte de aquella luz mientras esta parecía introducirse nuevamente entre las nubes. Recuerdo que ella también se sorprendió al verla.
Después de aquello, el sonido desapareció por completo.
La temperatura comenzó a volver a lo que considerábamos normal para una noche de invierno en Santiago. Nuevamente empezó a sentirse frío y los destellos que anteriormente habíamos observado en el cielo dejaron de aparecer.
Al día siguiente ocurrió algo que para mí fue importante, porque permitió confirmar, al menos, que una parte de aquella situación ambiental no había sido percibida solamente por mí.
Otros vecinos no habían visto lo mismo que yo aseguraba haber observado, pero sí habían escuchado aquel extraño zumbido.
Recuerdo que al día siguiente uno de ellos me dijo:
"Samuel, ¿escuchaste el ruido que había ayer?".
Entonces le conté lo que había vivido.
Obviamente, no me creyó.
Sin embargo, él sí había escuchado el zumbido.
Después de aquella experiencia comenzaron a ocurrir en mi vida diferentes situaciones que hicieron que mi manera de comprender ciertos conceptos cambiara. Comencé a observar el mundo de otra forma y a prestar atención a cosas que anteriormente quizás habría ignorado. También llegué a sentir que existían determinadas realidades o verdades que muchas personas no podían ver o frente a las cuales, por diferentes motivos, permanecían prácticamente ciegas.
También percibí cambios físicos en mi cuerpo.
Sentía que mis sentidos se habían vuelto considerablemente más sensibles. A través de mis oídos podía percibir vibraciones que anteriormente no recordaba escuchar. Mi vista parecía haberse agudizado. Lo mismo sentía respecto del olfato: percibía olores que antes pasaban inadvertidos para mí. También notaba diferencias en el gusto y en la sensibilidad de la piel.
Desde antes del año 2001 yo ya tenía sueños que consideraba muy extraños.
Como creyente en Dios, en aquella época pensaba que podían ser una especie de revelaciones. Sin embargo, generalmente eran sueños ambiguos, difíciles de interpretar y cargados de imágenes metafóricas.
Después de aquella experiencia, en cambio, algunos de mis sueños comenzaron a parecerme mucho más literales.
En Chile, como ustedes bien saben, ocurrió el gran terremoto del año 2010, acompañado por un tsunami. Yo había tenido durante el año 2009 un sueño relacionado con un fenómeno de esas características.
En aquel sueño veía olas gigantes que ingresaban al interior de un lugar que en ese momento no podía identificar. Veía barcos y me encontraba dentro de unas construcciones similares a las casas que, en el sur de Chile, se conocen como palafitos, edificaciones levantadas a cierta altura sobre pilotes.
Yo estaba solo en un segundo piso y observaba cómo el agua entraba por las calles.
También veía barcos varados en lugares urbanos, incluso en plazas.
Ese sueño ocurrió aproximadamente en octubre de 2009.
Cuando se produjo el terremoto y tsunami de Chile, el 27 de febrero de 2010, observé en los informativos y las noticias imágenes que me recordaron intensamente aquello que había visto durante ese sueño.
Sin embargo, existía un detalle que todavía no lograba comprender.
¿Por qué había visto barcos tan grandes?
Tiempo después ocurrió el terremoto y tsunami de Japón, en marzo de 2011. Cuando vi las imágenes de aquella catástrofe y los barcos arrastrados por la fuerza del mar, volví a recordar lo que había soñado.
Para mí, aquellas experiencias eran definitivamente premoniciones.
Esa es la interpretación que les doy.
Bueno, ese es mi testimonio. Sé que dentro de la ufología existen diferentes clasificaciones para los encuentros y experiencias de contacto, y durante mucho tiempo relacioné lo que me ocurrió con aquello que se conoce como un encuentro cercano y con experiencias en las que una persona afirma recibir algún tipo de mensaje.
Mi conclusión personal es que, a veces, determinadas cosas parecen estar destinadas a ciertas personas. Y si Dios permitió que yo experimentara algo así, creo que debió existir alguna razón.
Quizás algún objetivo.
Quizás la posibilidad de ayudar.
O simplemente la responsabilidad de entregar mi testimonio para decir que, desde mi experiencia y desde aquello que viví aquella noche, este fenómeno es real.
Tal vez todo aquello forme parte de algo que Dios quiere que, de alguna manera, llegue a realizarse.
Testigos: Si has vivido un encuentro cercano con el fenómeno OVNI/UAP, puede escribirnos al siguiente correo electrónico: MiTestimonioOvni@gmail.com Antes de enviar tu caso, te recomendamos revisar nuestra guía práctica para testigos, donde encontrarás consejos útiles para registrar tu testimonio: AQUÍ
Derechos de Autor: El presente testimonio está protegido por derechos de autor y forma parte del material de investigación del escritor e investigador Iván Vega Recabal. Su publicación completa será incluida en su próximo libro. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.
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