sábado, 6 de diciembre de 2008

🔻 Caso: Mathias Rudloff | La Luz del Enladrillado




Caso: Mathias Rudloff | La Luz del Enladrillado


Nombre del testigo:
Mathias Rudloff
Ciudad y País: Altos de Lircay, Región del Maule, Chile
Fecha del incidente: 6 de diciembre de 2008
Hora aproximada: 20:00 horas, aproximadamente una hora antes de la puesta de sol
Cantidad de Testigos: 3 personas (dos ingenieros y un arquitecto)
Dirección o Coordenadas: El Enladrillado, sector Valle del Venado, Reserva Nacional Altos de Lircay, Región del Maule, Chile.
Coordenadas de referencia: 35.578627° S, 70.965970° O.

 
Investigación por Iván Vega Recabal
 

Mathias Rudloff, ingeniero de profesión y aficionado desde hace años al estudio del fenómeno OVNI, viajó en diciembre de 2008 junto a dos amigos desde Concepción hasta El Enladrillado, en los Altos de Lircay, Región del Maule, Chile. El propósito del viaje era realizar trekking y conocer uno de los paisajes cordilleranos más singulares de la zona.
Durante la tarde del 6 de diciembre, después de completar el ascenso y mientras los tres permanecían en las alturas contemplando el Valle del Venado, una situación inesperada transformaría aquella excursión en una experiencia que Mathias continuaría recordando y tratando de comprender muchos años después.    


Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI.


Todo comenzó el viernes 5 de diciembre de 2008.

Partí desde Concepción junto a dos amigos rumbo a El Enladrillado. Nuestro objetivo era bastante simple: queríamos hacer trekking, subir hasta ese lugar y disfrutar de la experiencia de estar en plena cordillera. Si bien el tema ufológico ha sido una de mis pasiones, para mis compañeros no lo era, así que aquel viaje no nació como una expedición para buscar OVNIs ni mucho menos. Íbamos a caminar, conocer el lugar y pasar un fin de semana diferente.
Ese mismo viernes llegamos al sector de CONAF e hicimos campamento aproximadamente a las 22:00. Nuestra intención era descansar durante la noche para comenzar el ascenso al alba del sábado.
Hasta ese momento, todo transcurrió con absoluta normalidad.
El sábado 6 de diciembre comenzamos temprano.
Tuvimos suerte con el tiempo. Era uno de esos días climáticamente perfectos para caminar por la montaña y realizamos el ascenso sin mayores dificultades.
Durante todo el recorrido no vimos ni percibimos absolutamente nada fuera de lo común.
Después de varias horas de trekking conseguimos llegar a El Enladrillado un par de horas antes de la puesta de sol.
Habíamos planificado permanecer allí, aunque sabíamos que existían restricciones para acampar en el sector debido a la necesidad de proteger el entorno natural de la cima. Por eso procuramos movernos con mucho cuidado y mantener el máximo respeto posible por el lugar.
Una vez instalados, hicimos algo bastante lógico después de semejante caminata: comenzamos a sacar las fotografías de rigor.
Fotografiamos el paisaje y todo aquello que nos parecía interesante. Después guardamos las cámaras.
Este detalle terminaría siendo importante.
Yo tenía la mía dentro de su funda. Era una de aquellas cámaras digitales pequeñas que se utilizaban mucho en esos años, con tarjeta SD. No teníamos teléfonos con las capacidades fotográficas actuales ni estábamos permanentemente preparados para registrar algo inesperado. Habíamos terminado de sacar fotografías y, simplemente, guardamos nuestros equipos.
Nos sentamos entonces a contemplar el Valle del Venado mientras preparábamos algo para comer.
Recuerdo especialmente la tranquilidad de ese momento.




Estábamos en altura, rodeados por un paisaje enorme, mirando hacia el valle mientras lentamente se acercaba el final de la tarde.
Hubo algo del lugar que me llamó particularmente la atención: la acústica.
Al mirar hacia el fondo del Valle del Venado se podía distinguir un río. En algún punto de ese río había una cascada y, pese a encontrarse a bastante distancia de nosotros, alcanzábamos a escucharla levemente desde donde estábamos.
Ese detalle se me quedó grabado.
Había una sensación de silencio y amplitud que hacía posible percibir sonidos provenientes de lugares bastante alejados.
Estábamos ahí, tranquilos, preparando comida y mirando el paisaje.
Entonces, uno de mis amigos dijo de repente:
—¡Miren, miren!
Levanté la cabeza.
Y ahí estaba.
Vi una luz amarilla.
Parecía estar flotando y desplazándose un poco más abajo de nuestra línea del horizonte.
Lo primero que me permitió dimensionar visualmente su posición fueron las montañas que estaban detrás. No estábamos observando algo perdido en medio de un cielo completamente vacío; teníamos el relieve como contraste y podíamos ver aquella luz desplazándose aparentemente por debajo de la línea del horizonte.
Si El Enladrillado se encuentra aproximadamente a unos 2.200 metros de altura, mi impresión en ese momento fue que la luz podía encontrarse alrededor de los 2.000 o 2.100 metros.
Quiero ser preciso con esto: fue una estimación completamente visual.
No teníamos ningún instrumento para medir su altitud.
Lo mismo ocurrió con la distancia.
Calculé que podía encontrarse aproximadamente a unos tres o cuatro kilómetros de nosotros, pero nuevamente era una apreciación hecha a ojo, tomando como referencia el paisaje que teníamos delante.
Los tres comenzamos a observarla.
Y nos quedamos en silencio.
Eso es algo que recuerdo muy bien.
Ninguno de nosotros dijo inmediatamente:
—Es un avión.
—Es un helicóptero.
—Es un reflejo.
No.
Simplemente nos quedamos mirando.
Mudos.




Creo que parte de nuestra reacción se debió precisamente a que ninguno encontraba, en esos primeros segundos, una explicación evidente para lo que estaba viendo.
La luz continuaba desplazándose.
Era amarilla y, desde nuestra posición, se veía redonda.
No recuerdo haber distinguido una estructura alrededor de ella. No vimos alas, fuselaje ni una silueta reconocible. Lo que nuestros ojos percibían era, sencillamente, una luz amarilla moviéndose frente al relieve de las montañas.
El acontecimiento completo duró aproximadamente veinte segundos.
Puede parecer muy poco tiempo, pero cuando estás mirando algo que no consigues identificar, veinte segundos son suficientes para observar, pensar y comenzar a hacerte preguntas.
Mientras la miraba, volví a pensar en algo que me había llamado la atención minutos antes: la acústica del lugar.
Podíamos escuchar débilmente una cascada que estaba a bastante distancia.
Por eso me pregunté: si aquello que estábamos viendo correspondía a algún vehículo o aparato que produjera un sonido importante, ¿no deberíamos haber escuchado algo?
Pero no escuchábamos nada que pudiéramos relacionar con aquella luz.
Ningún motor.
Ningún zumbido que pudiéramos identificar.
Nada que llamara nuestra atención aparte de lo que estábamos viendo.
Ese silencio fue uno de los elementos que más me impresionaron.
Otro aspecto que me llamó mucho la atención fue la magnitud aparente de la luz. Desde donde estábamos, la luz parecía tener un tamaño considerable y una intensidad bastante llamativa. Hasta hoy me cuesta comprender qué fuente podía generar una luminosidad semejante desde la distancia a la que nosotros estimábamos que se encontraba.
Naturalmente, en ese momento comenzamos a buscar explicaciones.
Yo soy ingeniero y mi primera reacción frente a algo extraño no es necesariamente pensar en una explicación extraordinaria. Intento buscar alternativas y preguntarme qué fenómeno conocido podría producir lo que estoy observando.
Así que empecé a considerar posibilidades.
Una de las primeras ideas fue imaginar una luz similar al foco de un automóvil, como una “luz alta”.
Pero la posición aparente no me cuadraba.
Aquella luz no parecía desplazarse siguiendo un camino que nosotros pudiéramos distinguir. Desde nuestra perspectiva se encontraba moviéndose en una posición que no conseguíamos asociar con el desplazamiento normal de un vehículo terrestre.
Además, seguía presente la cuestión del sonido.
No escuchábamos un motor ni nada parecido.
Entonces pensé en otra posibilidad.
¿Podía ser simplemente un reflejo del Sol?
Sí.
Era una posibilidad.
El Sol estaba poniéndose hacia nuestra izquierda y detrás de nosotros. Por lo tanto, tenía sentido preguntarse si algún objeto situado a la distancia podía estar reflejando la luz solar directamente hacia nuestra posición.
Pensé en ello mientras continuábamos observando.
Sin embargo, había algo que me generaba dudas.
La intensidad de aquella luz parecía mantenerse bastante constante.
No recuerdo que aumentara y disminuyera claramente mientras avanzaba. Tampoco recuerdo destellos intermitentes. Durante aquellos segundos la percibimos con una luminosidad bastante estable.
Si se trataba de un reflejo producido por algún objeto en movimiento, me preguntaba por qué la intensidad no cambiaba de una manera más evidente al modificarse el ángulo respecto del Sol y de nuestra posición.
Pero tampoco podía descartarlo.
Simplemente no conseguía hacerlo encajar completamente con lo que estaba viendo.
La luz continuó su recorrido.
Desde nuestra perspectiva, la dirección era aproximadamente de sur a norte.
Seguimos mirándola hasta que finalmente la perdimos de vista.
Desde el momento en que mi amigo nos alertó hasta que dejamos de verla habrán transcurrido unos veinte segundos.
Eso fue todo.
Veinte segundos.
Después empezamos, inevitablemente, a pensar qué podía haber sido.
Hay que situarse también en el año en que ocurrió esto.
Era diciembre de 2008.
Los drones de uso doméstico no formaban parte de nuestra vida cotidiana como ocurre actualmente. En aquel momento, al menos para nosotros, no era natural mirar una luz desplazándose por el cielo y pensar inmediatamente en un pequeño dron con luces.
Además, la zona nos parecía bastante aislada.
Durante nuestra permanencia allí tampoco habíamos observado un tránsito aéreo que nos hiciera pensar de inmediato en una aeronave convencional.
Intentaba buscar una explicación que tuviera sentido.
Y recuerdo que, incluso de manera irónica, terminé imaginando algo bastante absurdo.
Pensé:
“Para que esto fuera algo convencional tendría que haber, no sé, una persona en parapente con un foco de cincuenta centímetros de diámetro apuntando directamente hacia nosotros durante veinte segundos”.
Era una forma de expresar lo difícil que me resultaba hacer coincidir lo que estaba viendo con algo que pudiera reconocer.
Pero no vimos ningún parapente.
No distinguimos una persona.
No vimos alas.
No observamos una estructura alrededor.
No vimos nada que pudiéramos reconocer como una aeronave.
Solo vimos aquella luz redonda y amarilla.




Después del avistamiento tomamos una fotografía.
En esa imagen se puede apreciar algo que también recuerdo claramente: el clima comenzó a cambiar con bastante rapidez.
Desde el poniente empezó a entrar un banco de nubes.
El paisaje que poco antes había estado despejado comenzó a transformarse.
Para nosotros este detalle era importante porque el avistamiento había ocurrido antes de la entrada de esas nubes. Desde nuestra perspectiva, además, aquello que observamos se encontraba por encima del nivel aparente que posteriormente ocuparía ese banco nuboso.
Todo había sucedido muy rápido.
Minutos antes estábamos simplemente sentados contemplando el Valle del Venado y preparando algo para comer. Las cámaras estaban guardadas y el día había transcurrido sin nada fuera de lo normal.
Éramos tres personas: dos ingenieros y un arquitecto. Los tres vimos lo mismo desde el mismo lugar y durante el mismo intervalo de tiempo.
Con los años he vuelto mentalmente muchas veces a aquellos segundos. He pensado en un reflejo, en algún tipo de aeronave, en una fuente luminosa convencional e incluso en la posibilidad de que hubiéramos interpretado de manera incorrecta su distancia o posición.
También soy consciente de que las estimaciones que hice fueron a simple vista. No teníamos instrumentos de medición, por lo que no puedo afirmar que aquello estuviera exactamente a tres o cuatro kilómetros de nosotros ni que se encontrara a 2.000 o 2.100 metros de altitud.
Lo que sí puedo contar es lo que recuerdo haber visto.
Una luz amarilla, aparentemente redonda, desplazándose frente a las montañas en dirección aproximada de sur a norte. No percibimos ningún sonido que pudiéramos asociar con ella y su intensidad pareció mantenerse bastante constante mientras estuvo a nuestra vista.
No puedo decir con certeza qué era.
Fuimos a El Enladrillado simplemente para hacer trekking. No estábamos realizando una investigación y mis compañeros ni siquiera compartían mi interés por el tema ufológico. Nada nos hacía pensar que aquella tarde terminaría convirtiéndose en una experiencia que continuaríamos recordando tantos años después.
Hasta el día de hoy, ninguno de los tres ha encontrado una explicación que nos deje completamente satisfechos.
Y después de todo este tiempo, todavía me hago la misma pregunta:
¿Qué fue aquello que vimos sobre el Valle del Venado?



Testigos: Si has vivido un encuentro cercano con el fenómeno OVNI/UAP, puede escribirnos al siguiente correo electrónico: MiTestimonioOvni@gmail.com Antes de enviar tu caso, te recomendamos revisar nuestra guía práctica para testigos, donde encontrarás consejos útiles para registrar tu testimonio: AQUÍ

Derechos de Autor: El presente testimonio está protegido por derechos de autor y forma parte del material de investigación del escritor e investigador Iván Vega Recabal. Su publicación completa será incluida en su próximo libro. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.

© Todos los derechos reservados.





Case: Mathias Rudloff | The Light of El Enladrillado


Witness Name: Mathias Rudloff
City and Country: Altos de Lircay, Maule Region, Chile
Date of Incident: December 6, 2008
Approximate Time: 8:00 p.m., approximately one hour before sunset
Number of Witnesses: 3 people (two engineers and one architect)
Location / Coordinates: El Enladrillado, Valle del Venado sector, Altos de Lircay National Reserve, Maule Region, Chile
Reference Coordinates: 35.578627° S, 70.965970° W


Research by Ivan Vega

Mathias Rudloff, an engineer by profession and a longtime enthusiast of the study of the UFO phenomenon, traveled in December 2008 with two friends from Concepción to El Enladrillado, in Altos de Lircay, Maule Region, Chile. The purpose of the trip was to go trekking and experience one of the area's most remarkable mountain landscapes.

On the afternoon of December 6, after completing the ascent and while the three of them were high in the mountains overlooking Valle del Venado, an unexpected event would transform that excursion into an experience Mathias would continue to remember and try to understand many years later.

Make yourself comfortable, because a new UFO Testimony begins here.


It all began on Friday, December 5, 2008.

I left Concepción with two friends, heading for El Enladrillado. Our goal was fairly simple: we wanted to go trekking, climb up to the site, and enjoy the experience of being deep in the mountains. Although the UFO phenomenon has long been one of my passions, my companions did not share that interest, so this trip was certainly not conceived as an expedition to look for UFOs. We were simply going to hike, explore the area, and spend a different kind of weekend.

That same Friday, we arrived at the CONAF sector and set up camp at approximately 10:00 p.m. Our intention was to rest during the night so that we could begin the ascent at dawn on Saturday.

Up to that point, everything had been completely normal.

We started early on Saturday, December 6.

We were fortunate with the weather. It was one of those days with perfect conditions for hiking in the mountains, and we completed the ascent without any major difficulties.

Throughout the entire hike, we neither saw nor noticed anything remotely unusual.

After several hours of trekking, we managed to reach El Enladrillado a couple of hours before sunset.

We had planned to stay there, although we knew there were restrictions on camping in the area because of the need to protect the natural environment at the summit. For that reason, we made every effort to move around carefully and treat the place with the utmost respect.

Once we had settled in, we did something fairly obvious after such a long hike: we began taking the customary photographs.

We photographed the landscape and anything else that caught our attention. Then we put our cameras away.

That detail would later become important.

Mine was inside its case. It was one of those small digital cameras that were widely used at the time, with an SD card. We did not have phones with today's photographic capabilities, nor were we constantly prepared to record something unexpected. We had finished taking pictures and simply put our equipment away.

We then sat down to look out over Valle del Venado while preparing something to eat.

I particularly remember how peaceful that moment was.

We were high in the mountains, surrounded by an immense landscape, looking down toward the valley as the afternoon slowly drew to a close.

There was one thing about the place that particularly caught my attention: the acoustics.

Looking toward the far end of Valle del Venado, we could make out a river. Somewhere along that river there was a waterfall and, despite being quite a long distance from us, we could faintly hear it from where we were.

That detail stayed with me.

There was a sense of silence and vastness that made it possible to hear sounds coming from places quite far away.

We were sitting there peacefully, preparing food and looking at the landscape.

Then, suddenly, one of my friends said:

“Look, look!”

I raised my head.

And there it was.

I saw a yellow light.

It appeared to be floating and moving slightly below our horizon line.

What first allowed me to visually gauge its position were the mountains behind it. We were not looking at something isolated in the middle of a completely empty sky; the terrain provided a backdrop, and we could see that light apparently moving below the horizon line.

Since El Enladrillado is located at an altitude of approximately 2,200 meters, my impression at the time was that the light might have been at around 2,000 or 2,100 meters.

I want to be precise about this: it was entirely a visual estimate.

We had no instruments with which to measure its altitude.

The same was true of the distance.

I estimated that it might have been approximately three or four kilometers away from us, but again, that was simply an estimate made by eye, using the landscape in front of us as a reference.

All three of us began watching it.

And we fell silent.

That is something I remember very clearly.

None of us immediately said:

“It’s an airplane.”

“It’s a helicopter.”

“It’s a reflection.”

No.

We simply stared at it.

Speechless.

I think part of our reaction was precisely because, during those first few seconds, none of us could find an obvious explanation for what we were seeing.

The light continued to move.

It was yellow and, from where we were standing, it appeared round.

I do not remember seeing any structure around it. We saw no wings, fuselage, or recognizable silhouette. What our eyes perceived was simply a yellow light moving against the backdrop of the mountains.

The entire event lasted approximately twenty seconds.

That may seem like very little time, but when you are looking at something you cannot identify, twenty seconds is enough time to observe, think, and begin asking yourself questions.

As I watched it, I thought again about something that had caught my attention just minutes earlier: the acoustics of the place.

We could faintly hear a waterfall that was quite far away.

So I wondered: if what we were seeing was some kind of vehicle or craft that produced a significant amount of noise, shouldn't we have heard something?

But we heard nothing that we could associate with that light.

No engine.

No humming or buzzing that we could identify.

Nothing that drew our attention apart from what we were seeing.

That silence was one of the things that impressed me most.

Another aspect that particularly caught my attention was the apparent size of the light. From where we were, it seemed considerably large and remarkably intense. Even today, I find it difficult to understand what kind of source could have produced such luminosity from the distance at which we estimated it to be.

Naturally, we began looking for explanations.

I am an engineer, and my first reaction when confronted with something strange is not necessarily to assume an extraordinary explanation. I try to consider alternatives and ask myself what known phenomenon might produce what I am observing.

So I began considering possibilities.

One of my first thoughts was that it might be a light similar to a car headlight, like a high beam.

But its apparent position did not make sense to me.

The light did not seem to be moving along any road or path that we could distinguish. From our perspective, it was moving in a position that we could not associate with the normal movement of a ground vehicle.

And there was still the issue of the sound.

We could not hear an engine or anything similar.

Then I considered another possibility.

Could it simply have been a reflection of the Sun?

Yes.

That was a possibility.

The Sun was setting to our left and behind us. Therefore, it made sense to wonder whether some distant object might have been reflecting sunlight directly toward our position.

I thought about that as we continued watching it.

However, there was something that made me uncertain.

The intensity of the light appeared to remain fairly constant.

I do not remember it clearly becoming brighter and dimmer as it moved. Nor do I remember any intermittent flashes. During those seconds, we perceived it as having a fairly steady brightness.

If it was a reflection produced by a moving object, I wondered why the intensity did not change more noticeably as the angle between the Sun, the object, and our position changed.

But I could not rule it out either.

I simply could not make that explanation fully fit what I was seeing.

The light continued on its path.

From our perspective, it was traveling approximately from south to north.

We continued watching it until we finally lost sight of it.

From the moment my friend alerted us until the moment we could no longer see it, approximately twenty seconds must have passed.

That was all.

Twenty seconds.

Afterward, we inevitably began wondering what it might have been.

It is also important to put this into the context of the year in which it happened.

It was December 2008.

Consumer drones were not part of everyday life as they are today. At that time, at least for us, it was not natural to see a light moving through the sky and immediately think of a small drone equipped with lights.

The area also seemed quite isolated to us.

During our time there, we had not observed any air traffic that would have immediately made us think of a conventional aircraft.

I kept trying to find an explanation that made sense.

And I remember that, somewhat ironically, I ended up imagining something rather absurd.

I thought:

“For this to be something conventional, there would have to be, I don't know, someone on a paraglider with a fifty-centimeter-diameter spotlight aimed directly at us for twenty seconds.”

It was simply a way of expressing how difficult I found it to reconcile what I was seeing with anything I could recognize.

But we saw no paraglider.

We could not make out a person.

We saw no wings.

We observed no structure around it.

We saw nothing we could recognize as an aircraft.

All we saw was that round, yellow light.

After the sighting, we took a photograph.

That image shows something else I remember clearly: the weather began changing quite rapidly.

A bank of clouds began moving in from the west.

The landscape, which had been clear shortly before, began to change.

For us, this detail was important because the sighting had occurred before those clouds moved in. From our perspective, moreover, what we had observed was above the apparent level that the cloud bank would later occupy.

Everything had happened very quickly.

Just minutes earlier, we had simply been sitting there looking out over Valle del Venado and preparing something to eat. Our cameras were packed away, and the entire day had passed without anything unusual happening.

There were three of us: two engineers and an architect. All three of us saw the same thing, from the same location, during the same period of time.

Over the years, I have mentally returned to those few seconds many times. I have considered a reflection, some type of aircraft, a conventional light source, and even the possibility that we had incorrectly interpreted its distance or position.

I am also aware that the estimates I made were based solely on visual observation. We had no measuring instruments, so I cannot claim that it was exactly three or four kilometers away from us, nor that it was at an altitude of 2,000 or 2,100 meters.

What I can tell you is what I remember seeing.

A yellow, apparently round light moving in front of the mountains in an approximately south-to-north direction. We perceived no sound that we could associate with it, and its intensity appeared to remain fairly constant for as long as it was visible to us.

I cannot say with certainty what it was.

We went to El Enladrillado simply to go trekking. We were not conducting an investigation, and my companions did not even share my interest in the UFO phenomenon. Nothing led us to believe that afternoon would turn into an experience we would still be remembering so many years later.

To this day, none of the three of us has found an explanation that completely satisfies us.

And after all this time, I still ask myself the same question:

What was it that we saw over Valle del Venado?



Copyright: This testimony is protected by copyright and forms part of the research material of writer and investigator Iván Vega Recabal. Its complete publication will be included in his upcoming book. Any total or partial reproduction is prohibited without written authorization.

© All rights reserved.




martes, 3 de octubre de 2006

🔻 La Nave de los Locos (Octubre 2006)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

Si quieres descargar este ejemplar, haz clic aquí

Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

jueves, 2 de marzo de 2006

🔻 La Nave de los Locos (Marzo 2006)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

jueves, 3 de noviembre de 2005

🔻 La Nave de los Locos (Nov 2005)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

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domingo, 3 de julio de 2005

🔻 La Nave de los Locos (Julio 2005)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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jueves, 3 de marzo de 2005

🔻 La Nave de los Locos (Marzo 2005)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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miércoles, 15 de diciembre de 2004

🔻Caso: Psicóloga de Coquimbo | Vimos un Ovni Triangular sobre nosotros.




Caso: Psicóloga de Coquimbo

Vimos un Ovni Triangular sobre nosotros


Investigación por: Iván Vega Recabal

Nombre del testigo: Carla —nombre ficticio utilizado para proteger su identidad—.
Ciudad y País: Coquimbo, Chile.
Fecha del incidente: diciembre de 2004.
Hora aproximada: 19:00 horas.
Cantidad de Testigos: 3
Dirección o Coordenadas: Sector Villa del Mar, Peñuelas, Coquimbo.
Coordenadas: 29°57'10"S 71°17'47"W Link


En este testimonio conoceremos la experiencia de una psicóloga a quien llamaremos Carla —nombre ficticio utilizado para proteger su identidad—, quien accedió a compartir un episodio ocurrido en diciembre de 2004, cuando se encontraba en el sector de Peñuelas, en la ciudad de Coquimbo, Chile. En aquel entonces visitaba a quien era su novio y que, años más tarde, se convertiría en su esposo.

Los hechos se desarrollaron durante una tranquila tarde de verano, cerca de las 19:00 horas, mientras ambos regresaban a una vivienda del sector. Un tercer testigo, vecino del lugar, también estuvo presente durante parte de la experiencia. Lo sucedido aquella tarde permanecería en la memoria de la pareja durante los años siguientes.

Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI.

Buenas tardes. Escribo para compartir la experiencia de avistamiento OVNI que tuvimos mi esposo y yo. Han pasado muchos años desde aquel día, así que él también me ayudó a reconstruir algunos detalles del recuerdo.

Todo ocurrió en Villa del Mar, sector de Peñuelas, en Coquimbo. En aquella época yo estaba visitando a quien entonces era mi pololo, hoy mi esposo.


Era diciembre de 2004. Habíamos salido a comprar insumos para la cena y regresábamos a la casa. Eran cerca de las 19:00 horas y todavía había sol, aunque ya comenzaba a atardecer.

Estábamos llegando cuando, de pronto, a ambos nos dio por mirar hacia el cielo en dirección al oeste.

Fue entonces cuando vimos una enorme luz.

Parecía un gran foco suspendido en el cielo. Calculamos que se encontraba aproximadamente a una altura comparable con la de un edificio de veinte pisos, sobre el sector de Avenida del Mar.

Nuestra primera impresión fue que podía tratarse de un helicóptero, pero no escuchábamos ningún ruido.

Seguimos observando y vimos cómo aquella luz comenzó a subir. Poco después parecía encontrarse sobre nosotros.

En ese momento, un vecino estaba afuera regando el antejardín de su casa. Él también comenzó a mirar hacia el cielo y se involucró en nuestra conversación. Los tres tratábamos de entender qué estábamos viendo.

El vecino también decía que aquello no parecía un helicóptero.

Comenzamos entonces a descartar posibilidades. La luz era claramente visible, pero no lográbamos distinguir con precisión de dónde provenía. Personalmente, tenía la impresión de que aquella luz provenía de algo de forma triangular, aunque no podía distinguirlo con claridad. Mi esposo, en cambio, solo recuerda la luz.




Durante aproximadamente dos minutos aquello permaneció aparentemente quieto sobre nosotros.

Fueron dos minutos que parecieron mucho más largos.

Recuerdo haber tenido una sensación muy extraña, como si aquello estuviera observándonos. No puedo asegurar que eso fuera realmente lo que estaba ocurriendo, pero así lo sentí en ese momento.

Después, de un segundo a otro, comenzó a desplazarse rápidamente hacia el norte.

En cuestión de segundos parecía encontrarse sobre el cerro de Punta Teatinos.

El vecino quedó tan anonadado como nosotros y entró rápidamente a su casa. Mi esposo y yo permanecimos afuera esperando para ver qué hacía aquello.

Queríamos saber si regresaría, si cambiaría de dirección o si sucedería algo más.

Pero continuó su trayecto hacia el norte.

A medida que se alejaba se hizo cada vez más difícil distinguirlo, hasta que finalmente lo perdimos de vista.

Creo que fueron los dos minutos más asombrosos que he vivido.

Y hasta el día de hoy seguimos preguntándonos qué fue realmente aquello.

Pero esta no es la única experiencia extraña que forma parte de mi historia.

Desde que nací tengo una marca en la espalda, sobre el omóplato derecho. Según recuerdo por lo que me contó mi madre, se trata de cuatro hendiduras que en conjunto tienen aproximadamente cinco centímetros de diámetro.


Mi madre siempre me dijo que esa marca estaba presente desde mi nacimiento.

Según ella, cuando yo nací el médico no encontró una explicación clara para su origen, aunque tampoco consideró que representara algún riesgo o daño para mi salud. Por eso no le dio demasiada importancia.

La explicación que le habría dado a mi madre fue que quizá yo misma podía habérmela provocado durante mi desarrollo embrionario, al tocarme la espalda mientras estaba en el vientre.

Yo crecí con esa explicación y durante muchos años no me cuestioné demasiado el origen de la marca.

Nunca me produjo ningún problema físico y siempre estuvo allí.

Sin embargo, hace algún tiempo retomé mi interés por el fenómeno OVNI y volví a ver antiguos episodios del programa OVNI, emitido por TVN alrededor del año 2000.

Entre ellos vi nuevamente un episodio que recuerdo como “El incidente de Ketty”.



En ese capítulo mostraban el caso de una mujer que tenía marcas en el cuerpo y, en algún momento, aparecían también imágenes de otras personas que supuestamente presentaban cicatrices o hendiduras después de experiencias extrañas.

Una de esas imágenes me llamó mucho la atención porque las marcas que mostraban tenían cierto parecido con las mías.

Eso hizo que volviera a preguntarme por mi propia cicatriz.



Pensé que, después de tantos años, quizás mi madre podía recordar algo que nunca antes me hubiera contado.

Entonces la llamé y le pregunté si recordaba algún incidente o acontecimiento extraño mientras estaba embarazada de mí.

Al principio no recordó nada de inmediato.

Después, mientras estaba junto a mi abuela materna, ambas comenzaron a reconstruir una historia que había ocurrido cuando mi madre todavía estaba embarazada.

Mi madre me envió un audio contándome lo que recordaban.

En aquella época ella se había ido temporalmente a vivir con sus padres en Ovalle, en la población José Tomás Ovalle.

La casa estaba frente a una quebrada y, al otro lado, se encontraba el sector del cerro Tamaya.

Mi madre calculaba que debía tener alrededor de cinco o seis meses de embarazo, así que probablemente ocurrió entre junio y julio de 1982.

Era de noche.

Los dormitorios de mis abuelos y el de mi madre tenían ventanas orientadas hacia la quebrada.

Aquella noche mi madre estaba esperando a mi papá, que había salido con unos amigos.

Mis abuelos también estaban despiertos.

Eran aproximadamente las doce de la noche cuando escucharon gritos desde afuera.

Era mi papá, que regresaba en motocicleta.

Según lo que después reconstruyeron, al acercarse a la casa habría visto algo fuera de la ventana de la pieza de mi madre.

Él lo describió como un “hombre de luz”.




Al parecer se impresionó mucho y también sintió miedo de que pudiera pasarle algo a mi madre, porque entró corriendo y gritando a la casa.

Mis abuelos miraron por la ventana.

Ellos no dijeron haber visto una figura como la que describió mi papá, pero sí recordaban haber visto algo parecido a un haz de luz.

Mi madre, en cambio, no se atrevió a mirar.

Ella recuerda que estaba medio dormida esperando a mi papá y tampoco recuerda haber visto luces antes de que él llegara.

Eso es lo que mi madre y mi abuela lograron reconstruir tantos años después.

Yo no conocía con detalle esa historia hasta que comencé a preguntar.

Y fue precisamente porque volví a pensar en la marca de mi espalda que terminé preguntándole a mi madre si había ocurrido algo extraño durante el embarazo.

No sé si existe alguna relación entre una cosa y la otra.

Solo sé que nací con esa marca, que siempre ha estado sobre mi omóplato derecho y que, a mis cuarenta años, todavía no tengo una explicación que me deje completamente satisfecha sobre su origen.

Con el tiempo también me he enterado de otros testimonios de avistamientos dentro de mi propia familia.

Algunos de esos relatos los fui conociendo mucho después.

Todo esto ha hecho que vuelva a pensar en muchas experiencias y recuerdos que antes consideraba separados.

Pero, de todas maneras, el episodio que viví en Peñuelas en diciembre de 2004 sigue siendo uno de los recuerdos más impresionantes de mi vida.

Todavía puedo imaginar aquella luz sobre nosotros.

Todavía recuerdo el silencio.

Todavía recuerdo al vecino mirando el cielo con nosotros.

Y todavía recuerdo lo rápido que aquello se desplazó hacia el norte, hasta perderse en la distancia.

Han pasado muchos años.

Pero la pregunta sigue siendo la misma:

¿Qué fue realmente aquello?



Testigos: Si has vivido un encuentro cercano con el fenómeno OVNI/UAP, puede escribirnos al siguiente correo electrónico: MiTestimonioOvni@gmail.com Antes de enviar tu caso, te recomendamos revisar nuestra guía práctica para testigos, donde encontrarás consejos útiles para registrar tu testimonio: AQUÍ

Derechos de Autor: El presente testimonio está protegido por derechos de autor y forma parte del material de investigación del escritor e investigador Iván Vega Recabal. Su publicación completa será incluida en su próximo libro. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.


© Todos los derechos reservados.







Case: Psychologist from Coquimbo | A Triangular UFO

Witness Name: Carla —a pseudonym used to protect her identity—.
City and Country: Coquimbo, Chile.
Date of Incident: December 2004.
Approximate Time: 7:00 p.m.
Number of Witnesses: 3
Location or Coordinates: Villa del Mar area, Peñuelas, Coquimbo.
Reference Coordinates: 29°57'10"S, 71°17'47"W

Research by Ivan Vega

In this testimony, we will hear the experience of a psychologist whom we will call Carla —a pseudonym used to protect her identity— who agreed to share an incident that occurred in December 2004, while she was in the Peñuelas area of Coquimbo, Chile. At the time, she was visiting her then-boyfriend, who would become her husband years later.

The events unfolded during a quiet summer evening, at around 7:00 p.m., as the couple were returning to a house in the neighborhood. A third witness, a local resident, was also present during part of the experience. What happened that evening would remain in the couple’s memories for years to come.

Make yourself comfortable, because a new UFO Testimony begins here.

Good afternoon. I’m writing to share a UFO sighting experience that my husband and I had. Many years have passed since that day, so he also helped me reconstruct some of the details from our memories.

It all happened in Villa del Mar, in the Peñuelas area of Coquimbo. At the time, I was visiting the man who was then my boyfriend and is now my husband.

It was December 2004. We had gone out to buy some things for dinner and were heading back to the house. It was around 7:00 p.m., and the sun was still out, although it was already beginning to set.

We were just arriving when, all of a sudden, we both felt compelled to look up at the sky toward the west.

That was when we saw an enormous light.

It looked like a huge spotlight suspended in the sky. We estimated that it was at roughly the height of a twenty-story building, over the Avenida del Mar area.

Our first thought was that it might be a helicopter, but we couldn’t hear any noise.

We kept watching and saw the light begin to rise. Shortly afterward, it seemed to be directly above us.

At that moment, a neighbor was outside watering his front yard. He also began looking up at the sky and joined our conversation. The three of us were trying to understand what we were seeing.

The neighbor also said that it didn’t look like a helicopter.

We then began ruling out possibilities. The light was clearly visible, but we couldn’t determine exactly where it was coming from. Personally, I had the impression that the light was coming from something triangular in shape, although I couldn’t make it out clearly. My husband, on the other hand, only remembers the light.

For approximately two minutes, it remained apparently motionless above us.

Those two minutes felt much longer.

I remember having a very strange sensation, as though whatever it was was watching us. I can’t say for certain that this was actually happening, but that was how I felt at the time.

Then, from one second to the next, it began moving rapidly toward the north.

Within seconds, it seemed to be over the hill at Punta Teatinos.

The neighbor was just as stunned as we were and quickly went inside his house. My husband and I remained outside, waiting to see what it would do.

We wanted to know whether it would come back, change direction, or whether something else would happen.

But it continued on its path toward the north.

As it moved farther away, it became increasingly difficult to make out, until we finally lost sight of it.

I think those were the two most astonishing minutes of my life.

And to this day, we still wonder what that thing really was.

But this is not the only strange experience that forms part of my story.

Since birth, I have had a mark on my back, over my right shoulder blade. From what I remember my mother telling me, it consists of four indentations that together measure approximately five centimeters in diameter.

My mother always told me that the mark had been there since I was born.

According to her, when I was born, the doctor couldn’t find a clear explanation for its origin, although he also didn’t believe it posed any risk or harm to my health. For that reason, he didn’t give it much importance.

The explanation he supposedly gave my mother was that perhaps I had somehow caused it myself during embryonic development by touching my back while I was in the womb.

I grew up with that explanation, and for many years I didn’t question the origin of the mark very much.

It never caused me any physical problems, and it had always been there.

However, some time ago, I became interested in the UFO phenomenon again and started rewatching old episodes of the TV program OVNI, which aired on TVN around the year 2000.

Among them, I rewatched an episode that I remember as “The Ketty Incident.”

That episode featured the case of a woman who had marks on her body, and at one point they also showed images of other people who supposedly had scars or indentations following strange experiences.

One of those images really caught my attention because the marks they showed bore a certain resemblance to mine.

That made me start wondering about my own scar again.

I thought that, after so many years, perhaps my mother might remember something she had never told me before.

So I called her and asked whether she remembered any strange incident or event while she was pregnant with me.

At first, nothing immediately came to mind.

Later, while she was with my maternal grandmother, the two of them began reconstructing a story about something that had happened while my mother was still pregnant.

My mother sent me an audio message telling me what they remembered.

At the time, she had temporarily moved in with her parents in Ovalle, in the José Tomás Ovalle neighborhood.

The house faced a ravine, and on the other side was the Cerro Tamaya area.

My mother estimated that she must have been about five or six months pregnant, so it probably happened sometime between June and July 1982.

It was nighttime.

My grandparents’ bedroom and my mother’s bedroom both had windows facing the ravine.

That night, my mother was waiting for my father, who had gone out with some friends.

My grandparents were also awake.

It was approximately midnight when they heard shouting outside.

It was my father, returning on his motorcycle.

Based on what they later pieced together, as he approached the house, he apparently saw something outside the window of my mother’s bedroom.

He described it as a “man of light.”

Apparently, he was deeply startled and was also afraid that something might happen to my mother, because he ran into the house shouting.

My grandparents looked out the window.

They didn’t say that they had seen a figure like the one my father described, but they did remember seeing something resembling a beam of light.

My mother, however, was too afraid to look.

She remembers being half asleep while waiting for my father, and she also doesn’t remember seeing any lights before he arrived.

That is what my mother and grandmother were able to reconstruct so many years later.

I didn’t know that story in detail until I began asking questions.

And it was precisely because I started thinking about the mark on my back again that I ended up asking my mother whether anything strange had happened during her pregnancy.

I don’t know whether there is any connection between one thing and the other.

All I know is that I was born with that mark, that it has always been there over my right shoulder blade, and that, at forty years old, I still don’t have an explanation for its origin that completely satisfies me.

Over time, I have also learned about other UFO sighting accounts within my own family.

Some of those stories only became known to me much later.

All of this has made me reconsider many experiences and memories that I once regarded as separate.

But regardless, the incident I experienced in Peñuelas in December 2004 remains one of the most remarkable memories of my life.

I can still picture that light above us.

I still remember the silence.

I still remember the neighbor looking up at the sky with us.

And I still remember how quickly it moved northward until it disappeared into the distance.

Many years have passed.

But the question remains the same:

What was that thing, really?


Copyright: This testimony is protected by copyright and forms part of the research material of writer and investigator Iván Vega Recabal. Its complete publication will be included in his upcoming book. Any total or partial reproduction is prohibited without written authorization.

© All rights reserved.


martes, 2 de noviembre de 2004

🔻 La Nave de los Locos (Noviembre 2004)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

Si quieres descargar este ejemplar, haz clic aquí


Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

sábado, 3 de julio de 2004

🔻 La Nave de los Locos (Julio 2004)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

martes, 2 de marzo de 2004

🔻 La Nave de los Locos (Marzo 2004)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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sábado, 1 de noviembre de 2003

🔻 La Nave de los Locos (Noviembre 2003)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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