Hay una métrica que cada vez me interesa menos: la cantidad de seguidores.
Prefiero una comunidad pequeña, intelectualmente inquieta y difícil de convencer, antes que una multitud dispuesta a aceptar cualquier afirmación extraordinaria simplemente porque confirma aquello que ya desea creer.
Prefiero lectores antes que espectadores.
Personas críticas, cultas, que investiguen, contrasten fuentes y comprendan que interesarse seriamente por el fenómeno OVNI exige algo más que consumir videos de alguien que prefiere alimentar el misterio por un par de dólares antes que arriesgarse a proponer una mirada nueva.
La ufología lleva demasiado tiempo conviviendo con una extraña amalgama donde caben, casi sin filtros, conspiraciones planetarias, catálogos de razas extraterrestres, sanaciones cuánticas, canalizaciones, federaciones galácticas y toda esa ensalada new age que ha terminado desdibujando la frontera entre investigación, creencia y entretenimiento.
Hay divulgadores que llevan 20 años transmitiendo prácticamente el mismo discurso: los mismos casos, las mismas fotografías, la misma desclasificación definitiva y la misma promesa de que “ahora sí” conoceremos la verdad. Cambiaron la televisión de los noventa por las plataformas digitales, pero el libreto permanece casi intacto.
Y entonces cabe una pregunta bastante sencilla:
Después de 20 años siguiendo a determinado ufólogo, ¿dónde están sus investigaciones documentadas, publicadas y expuestas al escrutinio público? ¿Dónde?
Porque el conocimiento ufológico serio sigue estando, en buena medida, donde siempre estuvo: en los libros, los archivos, la casuística documentada, las investigaciones publicadas, el trabajo de campo y, especialmente, en la capacidad intelectual de confrontar nuestras propias convicciones.
No, señores. Aquí no buscamos masividad.
No me interesa seguir a alguien porque aparezca en televisión, acumule cientos de miles de seguidores o haya adquirido, por simple repetición, el título de “referente”.
Nuestro público objetivo es deliberadamente otro.
Me interesa conversar con quien sabe, al menos, quiénes fueron J. Allen Hynek, Jacques Vallée, John Keel, Donald Keyhoe o Aimé Michel. Y también con quien todavía no los conoce, pero siente la curiosidad intelectual de descubrirlos.
Si buscas revelaciones semanales, razas extraterrestres clasificadas por procedencia, federaciones galácticas o certezas acerca de quiénes nos visitan y cuáles serían sus intenciones, probablemente este no sea tu lugar.
Internet está repleto de espacios para aquello.
Pero si te interesan la investigación de campo, la casuística nueva, los documentos, los libros, las hipótesis contemporáneas y la posibilidad de pensar el fenómeno incluso desde posiciones que contradigan aquello que creemos, entonces quédate.
Prefiero una audiencia intelectualmente exigente que eleve la discusión a una audiencia numerosa que solo alimente la estadística.
Testimonio OVNI: menos es más.
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