sábado, 19 de enero de 2008

🔻 Caso: Harold Mellado | Los seres azules de Valdivia

 





Caso: Harold Mellado | Los seres azules de Valdivia


Nombre del testigo: Harold Mellado
Ciudad y País: Costa de Valdivia, Región de Los Ríos, Chile
Fecha del incidente: Aproximadamente en el año 2008
Hora aproximada: Durante la noche; hora exacta no especificada
Cantidad de Testigos: 2 personas vinculadas directamente al relato: el amigo del padre de Harold Mellado, testigo del supuesto objeto y de los seres, y Harold Mellado, testigo posterior de la huella circular en el terreno
Dirección o Coordenadas: Propiedad rural ubicada en un sector no especificado de la costa valdiviana, cercana a una puntilla con un faro y a un pequeño yacimiento de cobre y talco. 

Investigación por Iván Vega Recabal

Harold Mellado tenía aproximadamente trece años cuando, cerca del año 2008, vivió una experiencia que permanecería profundamente ligada a sus recuerdos de juventud. Los hechos tuvieron lugar en un sector rural de la costa de Valdivia, en la Región de Los Ríos, al sur de Chile, durante una visita a la propiedad de un amigo de su padre.

Muchos años después, Harold conserva con claridad los detalles de aquella jornada y las circunstancias que rodearon un episodio del que no existe registro fotográfico. Su testimonio nos conduce hasta un entorno costero y campesino donde una visita aparentemente cotidiana terminó dejando un recuerdo difícil de olvidar.

Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI.

Hace aproximadamente quince años, en un lugar de la costa valdiviana, fui testigo ocular de un acontecimiento único e irrepetible, uno de esos episodios que permanecen guardados en la memoria incluso después de que hayan transcurrido muchos años.

Mi padre tiene un amigo en esta localidad y, como buenos viejos de campo, acostumbraban regalarse cosas. Era algo completamente normal entre ellos: productos de la tierra, alimentos o cualquier cosa que pudiera ser útil para la familia.

En una oportunidad me invitaron a sacar papas para llevarlas a nuestra casa. Cuando iba llegando a la propiedad del amigo de mi padre —de quien, por razones obvias, no mencionaré el nombre—, me encontré con algo inesperado: había tres camionetas blancas pertenecientes a una universidad.

Yo no sabía qué estaba pasando, así que continué bajando hasta llegar a la casa. Allí me encontré con el amigo de mi padre conversando con unas cinco personas. El ambiente era tenso. Él estaba claramente molesto y les pedía que se retiraran de su propiedad y que no volvieran.

En ese momento yo todavía no comprendía qué podía haber ocurrido para provocar semejante situación.

Esta persona tenía evidentes problemas visuales. De hecho, durante aquellos años apenas podía reconocernos por nuestra voz o cuando estábamos muy cerca de él. Su dificultad para ver era algo que nosotros conocíamos desde antes de aquel episodio y, precisamente por eso, lo que sucedería después terminaría resultándome todavía más desconcertante.

Cuando finalmente se retiraron las camionetas, me hizo pasar a su casa y comenzó a explicarme lo que, según él, había sucedido.

La noche anterior había visto emerger desde el mar una especie de «platillo volador». Según su relato, el objeto avanzó desde la costa hasta una puntilla donde existe un faro y permaneció sobrevolando las cercanías de un pequeño yacimiento de cobre y talco existente en el sector.

Aseguraba que aquello había durado aproximadamente diez minutos.

Después de permanecer allí, la nave habría regresado siguiendo prácticamente la misma trayectoria. Sin embargo, esta vez descendió hasta quedar muy cerca del nivel del suelo, dentro de su propiedad.

Fue entonces cuando ocurrió la parte más extraordinaria de su relato.

Según contó, desde aquel objeto descendieron dos seres de apariencia azulada, altos y alargados. No parecían tocar el suelo de una manera completamente normal. Comenzaron a desplazarse a campo traviesa y avanzaron atravesando los cercos de la propiedad sin saltarlos ni apartar los alambres.

Los alambres de púas parecían no representar ningún obstáculo para ellos.

De acuerdo con su descripción, los seres simplemente los atravesaban, como si por un instante se desvanecieran o como si aquella barrera física no existiera. Continuaron avanzando de esa manera en dirección al gallinero.

El viejo, sin saber cuáles podían ser sus intenciones, tomó su escopeta y se dirigió hacia allí.

Cuando llegó, encontró a los dos seres observando a las gallinas mientras dormían.

No las tocaban.

No parecían intentar llevarse ninguna.

Simplemente las observaban.

Después de permanecer allí durante un momento, los extraños visitantes dieron la vuelta y emprendieron el regreso siguiendo prácticamente la misma trayectoria por la que habían llegado. Volvieron hacia aquella supuesta nave, subieron a ella y finalmente desaparecieron del lugar.

El relato, por supuesto, podía sonar extremadamente fantástico y difícil de creer.

De hecho, yo mismo, con aproximadamente trece años, pensaba que el viejo me estaba «cuenteando». A esa edad, escuchar que una nave había salido del mar, que dos seres azulados habían descendido de ella y que habían atravesado cercos como si los alambres no existieran parecía más cercano a una historia fantástica que a algo ocurrido realmente en un campo de la costa valdiviana.

Pero entonces fuimos a sacar las papas.

Y fue allí donde encontré algo que hizo que aquella historia adquiriera para mí una dimensión completamente distinta.

Cerca de la huerta había un círculo de aproximadamente veinte metros de diámetro marcado sobre el pasto. La impresión que producía era difícil de olvidar: parecía como si alguien hubiera colocado sobre el terreno una enorme plancha caliente de forma circular.

El pasto estaba quemado formando un círculo prácticamente perfecto.

Aquello lo vi con mis propios ojos.

Lamento profundamente no haber podido dejar un registro fotográfico de lo que observé aquel día. Sin embargo, en aquellos años los recursos económicos de mi familia eran escasos y disponer de una cámara fotográfica no era algo cotidiano ni prioritario para nosotros. En ese momento tampoco podía imaginar que, muchos años después, desearía tener aquellas fotografías para observar nuevamente el lugar, estudiar sus detalles y conservar una evidencia visual de aquella extraña marca.

Solo quedó el recuerdo.

Y todavía faltaba la parte más inesperada de toda la historia.

Aquellos visitantes nunca volvieron, al menos hasta donde nosotros sabemos. Nunca más supimos de una experiencia semejante en aquella propiedad.

Pero, según lo que pudimos observar con el paso del tiempo, algo había cambiado en el viejo.

Le habían dejado, por decirlo de alguna manera, un extraño y hermoso regalo: su vista había mejorado.

No puedo afirmar qué produjo aquella mejoría ni establecer científicamente una relación entre una cosa y la otra. Lo que puedo contar es lo que conocíamos antes del episodio y lo que observamos después. Aquel hombre que anteriormente necesitaba escuchar nuestras voces o tenernos muy cerca para reconocernos comenzó a distinguirnos a una distancia que antes parecía imposible para él.

Ese detalle convirtió una historia ya extraordinaria en algo todavía más difícil de explicar.

Hoy está cercano a los cien años.

Y todavía me reconoce de lejos.

Han transcurrido muchos años desde aquella tarde en que fui a buscar unas papas y terminé escuchando el relato de algo que, a mis trece años, me parecía imposible. No tengo fotografías de las camionetas, de la marca circular sobre el terreno ni, mucho menos, de aquello que el viejo aseguró haber visto durante la noche.

Tengo solamente mi recuerdo de aquel día, el círculo quemado que contemplé en el pasto y la imagen de un hombre que antes apenas podía reconocernos de cerca y que, después de aquel extraño episodio, comenzó a vernos desde lejos.

¿Casualidad? ¿Una mejoría natural que coincidió con aquella experiencia? ¿O existió realmente alguna relación entre ambas cosas?

No tengo la respuesta.

Solo puedo contar lo que vi, lo que escuché y lo que, tantos años después, todavía permanece intacto en mi memoria.



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Derechos de Autor: El presente testimonio está protegido por derechos de autor y forma parte del material de investigación del escritor e investigador Iván Vega Recabal. Su publicación completa será incluida en su próximo libro. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.

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