lunes, 5 de enero de 2004

🔻 Caso: Nicolás de Neuquén | Un OVNI camuflado en la Tormenta




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Caso: Nicolás de Neuquén  | Un OVNI camuflado en la Tormenta


Nombre del testigo: Nicolás (Testigo solicitó resguardar su identidad)
Ciudad y País: Neuquén, Argentina
Fecha del incidente: Verano de 2004
Hora aproximada: Durante la tarde, hora exacta no especificada
Cantidad de Testigos: 1
Dirección o Coordenadas: No especificadas

Investigación por Iván Vega Recabal

Durante una tarde de verano de 2004, un joven argentino vivió una experiencia que, más de dos décadas después, continúa formando parte de sus recuerdos. El episodio ocurrió mientras se encontraba en la casa de su abuelo, en una jornada que hasta ese momento transcurría con absoluta normalidad.

El lugar era especialmente familiar, un amplio terreno con árboles frutales donde acostumbraba pasar parte de su tiempo y observar tranquilamente el entorno. Fue precisamente en ese escenario cotidiano donde comenzó una experiencia que terminaría acompañándolo durante muchos años y que solo tiempo después decidió compartir.

Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI.

Estaba una tarde de verano del año 2004 en casa de mi abuelo. Yo solía ir hasta el fondo del patio, un terreno bastante extenso que llegaba prácticamente hasta otra calle y que tendría alrededor de cien metros de profundidad. Allí teníamos diferentes árboles frutales, de distintas especies, y yo acostumbraba sentarme bajo la sombra de un árbol de granado, que da una fruta llamada granada, llena de pequeñas semillas rojas y dulces.

En aquel lugar también había unas piedras rectangulares, muy pesadas, dispuestas de una manera que formaban una especie de escalón. No era una construcción de cemento; las piedras se sostenían sobre la propia superficie del terreno, que descendía formando ese desnivel. Eran aproximadamente diez metros de piedras rectangulares, cada una de unos cincuenta o sesenta centímetros de largo y ancho.

Yo solía sentarme allí y pasar el tiempo imaginando cómo mejorar aquel terreno. Pensaba en plantar nuevos árboles frutales y en las distintas cosas que podría hacer en ese lugar. Era un sitio que conocía perfectamente y en el que había pasado mucho tiempo.

Aquella tarde, además, había algo que después resultaría importante para mí: el cielo estaba completamente celeste y despejado. No había nubes.

Habría permanecido sentado afuera unos diez minutos, más o menos, cuando ocurrió algo que inmediatamente llamó mi atención.

En menos de un minuto noté que se aproximaba una nube muy oscura, semejante a una nube de tormenta. De pronto estaba allí, aparentemente a menos de dos cuadras de distancia.

No sabría explicar con absoluta precisión a qué distancia se encontraba, porque calcular distancias en el cielo no es sencillo, pero estimo que serían aproximadamente unos doscientos metros. Esa estimación la relaciono con una experiencia que tuve durante mi infancia: había visto globos aerostáticos transportando personas a distancias parecidas y, algunas veces, cuando descendían, nosotros nos acercábamos a recibirlos.

Por eso aquella referencia quedó grabada en mi memoria y es la que utilizo para calcular, aunque sea aproximadamente, la distancia a la que se encontraba aquello que estaba observando.

Lo impresionante era precisamente eso: minutos antes no había nubes y, repentinamente, tenía aquella masa negra frente a mí.

Además, dentro de ella podían verse destellos y relámpagos.

Mi primera reacción fue completamente normal. Miré hacia el cielo y pensé:

—¡Se viene el agua!

Pero había algo extraño. No era todo el cielo el que se estaba cubriendo de nubes. Era solamente una parte muy concreta.

¿Cómo podría explicarlo?

Si miras hacia el cielo, levantas ambos brazos y extiendes las manos abiertas todo lo posible, acercándolas entre sí mientras mantienes los dedos extendidos, puedes hacerte una idea aproximada del tamaño aparente que tenía aquella nube desde mi posición. Quizás era un poco más grande, pero esa es la referencia visual que recuerdo.

La nube parecía cargada de electricidad.

En su interior se producían continuamente destellos semejantes a relámpagos, pero ninguno descendía hacia el suelo. Las descargas parecían desplazarse de un lado hacia otro dentro de la propia nube, como relámpagos internos que iluminaban momentáneamente distintas zonas de aquella masa oscura.

Estaba frente a algo que me parecía completamente increíble.

Fue entonces cuando comencé a analizar la situación con mayor atención.

“Una nube eléctrica”, pensé.

Presté atención al ambiente y traté de percibir la velocidad del viento. Sin embargo, noté que no había un viento que, al menos desde mi percepción, justificara una aproximación tan rápida.

Entonces surgió otra pregunta en mi cabeza:

¿Por qué había aparecido tan rápido?

Seguí observando.

También empecé a darme cuenta de que aquello no parecía una tormenta extensa. Era más bien una nube aislada, oscura y compacta. Incluso recuerdo que me causó cierta gracia y pensé:

—¿Esa es la tormenta?

Toda la situación era muy extraña. Mi mente intentaba encontrar una explicación lógica para lo que estaba sucediendo frente a mí. Hasta ese momento continuaba interpretándolo como un fenómeno meteorológico, porque era la explicación más inmediata que podía encontrar.

Pero entonces ocurrió algo que cambió completamente mi percepción del episodio.

Mientras observaba aquella formación, noté que la nube no parecía comportarse como una masa uniforme. Me daba la impresión de que estaba formada por un conjunto de nubes o segmentos que se movían de manera constante.

Y, en determinado momento, para mi enorme sorpresa, entre aquellas nubes alcancé a distinguir una parte que parecía metálica, como si perteneciera a una nave o a una enorme estructura sólida oculta en su interior.



Me quedé mirando.

A esa edad mi reacción fue decir algo parecido a:

—¡Wooo!

Y después me reí, casi por nervios o incredulidad, porque inmediatamente pensé que nadie iba a creerme.

Me dije a mí mismo:

—Estoy loco. Esto no puede ser posible.

Pero seguí observando.

La parte que alcancé a ver me pareció claramente metálica. No permaneció visible durante mucho tiempo, porque la misma nube volvió a cubrirla mientras todo aquel conjunto continuaba desplazándose sobre la cuadra en la que yo me encontraba.

Sin embargo, había algo que seguía desconcertándome.

Nunca llovió.

Y esa pregunta quedó dando vueltas en mi cabeza:

¿Cómo podía haber una nube negra, aparentemente cargada de rayos, tan próxima y amenazante, y no caer ni una sola gota de agua?

En ese momento me hice muchísimas preguntas. Continuaba analizando la situación e intentando convencerme de que podía tratarse de una tormenta eléctrica, pero cada vez me parecía más extraño. Para mí resultaba difícil comprender una tormenta aparentemente tan pequeña, aislada y repentina, especialmente después de haber visto el cielo completamente despejado y de no haber percibido un viento que explicara su rápida llegada.

Estaba totalmente descolocado.

Cuando alcancé a observar aquella parte metálica suspendida en el aire, también advertí otro detalle que permanece en mi memoria: no me pareció redonda ni tenía la clásica forma de “plato volador” que tantas veces había visto representada en películas o dibujos.

Lo que yo percibí fue diferente.

Me pareció una estructura enorme, una nave de grandes dimensiones cubierta por nubes y por aquellos extraños destellos eléctricos.

Eso es algo que, hasta el día de hoy, recuerdo con mucha claridad. La imagen quedó grabada en mi memoria y la experiencia fue impresionante.

Han pasado muchos años y todavía pienso en distintas explicaciones para aquello que ocurrió, pero casi nunca hablo del tema. La razón es sencilla: lo que vi, lo vi yo. Hasta donde sé, ninguna otra persona conocida por mí presenció aquella escena conmigo.

Además, debemos recordar que estábamos en 2004. Los teléfonos móviles de aquella época eran muy diferentes de los actuales. Muchos eran aquellos aparatos grandes y básicos que hoy algunas personas recuerdan como “celulares ladrillo”, y disponer de una cámara incorporada en el teléfono no era algo tan extendido como lo es actualmente. Yo, por supuesto, tampoco acostumbraba andar por el patio de mi abuelo llevando conmigo una cámara fotográfica de rollo.

Por eso no tengo fotografías.

No tengo videos.

Solo tengo el recuerdo de lo que observé aquella tarde.

En aquella época sí veía televisión. Había programas de dibujos animados y diferentes canales donde pasaban películas en las que, eventualmente, aparecían OVNIs representados con la clásica forma de un plato volador.

Pero aquello no se parecía a esas imágenes.

Lo que yo vi era, según mi percepción, una estructura enorme rodeada o cubierta por nubes. Si una persona no prestaba demasiada atención, probablemente habría pensado que simplemente estaba viendo una nube de tormenta.

Yo también lo pensé al principio.

Solo después de observarla durante más tiempo, de notar su comportamiento, los destellos que se producían en su interior y, finalmente, aquella superficie que interpreté como metálica, comencé a considerar que podía estar frente a algo completamente diferente.

Por eso, después de tantos años, la reflexión que me dejó aquella experiencia continúa siendo la misma:

No todo lo que ves necesariamente es lo que parece, y no toda explicación que consideramos evidente en un primer momento tiene que ser la definitiva.



¿Eres testigo? Si has vivido un encuentro cercano con el fenómeno OVNI/UAP, puede escribirnos al siguiente correo electrónico: MiTestimonioOvni@gmail.com Antes de enviar tu caso, te recomendamos revisar nuestra guía práctica para testigos, donde encontrarás consejos útiles para registrar tu testimonio: AQUÍ

Derechos de Autor: El presente testimonio está protegido por derechos de autor y forma parte del material de investigación del escritor e investigador Iván Vega Recabal. Su publicación completa será incluida en su próximo libro. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.

© Todos los derechos reservados.



Case: Nicolás from Neuquén | A UFO Camouflaged in a Storm


Witness Name: Nicolás (Witness requested that his identity be protected)
City and Country: Neuquén, Argentina
Date of Incident: Summer of 2004
Approximate Time: During the afternoon; exact time unspecified
Number of Witnesses: 1
Address or Coordinates: Not specified

Investigation by Iván Vega Recabal

One summer afternoon in 2004, a young Argentine man had an experience that, more than two decades later, remains vivid in his memory. The incident occurred while he was at his grandfather’s house, on a day that, until then, had been completely ordinary.

The setting was especially familiar to him: a large property with fruit trees, where he often spent time quietly observing his surroundings. It was precisely in this everyday setting that an experience began—one that would stay with him for many years and that he only decided to share much later.

Make yourself comfortable, because a new UFO Testimony begins here.

It was a summer afternoon in 2004, and I was at my grandfather’s house. I used to go all the way to the back of the yard, a fairly large property that extended practically to another street and was probably around a hundred meters deep. We had different kinds of fruit trees there, and I would usually sit in the shade of a pomegranate tree, which produces a fruit called a pomegranate, filled with small, sweet red seeds.

There were also some very heavy rectangular stones there, arranged in such a way that they formed a kind of step. It wasn’t a concrete structure; the stones rested directly on the ground, which sloped downward and created that change in elevation. There were approximately ten meters of rectangular stones, each one about fifty or sixty centimeters long and wide.

I used to sit there and spend time imagining how I could improve the property. I thought about planting new fruit trees and all the different things I could do with the place. It was somewhere I knew extremely well and where I had spent a great deal of time.

That afternoon, there was also something that would later become important to me: the sky was completely blue and clear. There were no clouds.

I had probably been sitting outside for about ten minutes when something happened that immediately caught my attention.

In less than a minute, I noticed a very dark cloud approaching, resembling a storm cloud. Suddenly, it was there, apparently less than two blocks away.

I couldn’t say with absolute precision how far away it was, because estimating distances in the sky isn’t easy, but I would say it was approximately two hundred meters away. I base that estimate on an experience I had during my childhood: I had seen hot-air balloons carrying people at similar distances, and sometimes, when they landed, we would go over to greet them.

That reference stayed etched in my memory, and it is what I use to estimate, however roughly, the distance of whatever it was that I was observing.

That was precisely what was so astonishing: just minutes earlier, there hadn’t been any clouds, and suddenly I had that black mass right in front of me.

There were also flashes and lightning visible inside it.

My first reaction was completely normal. I looked up at the sky and thought:

—Here comes the rain!

But there was something strange about it. The entire sky wasn’t becoming covered with clouds. It was only one very specific area.

How can I explain it?

If you look up at the sky, raise both arms, and spread your hands open as wide as possible, bringing them close together while keeping your fingers extended, you can get a rough idea of how large that cloud appeared from where I was standing. Maybe it was a little bigger, but that is the visual reference I remember.

The cloud seemed charged with electricity.

Flashes resembling lightning were constantly occurring inside it, but none of them reached the ground. The electrical discharges seemed to travel from one side to the other within the cloud itself, like internal lightning that momentarily illuminated different areas of that dark mass.

I was looking at something that seemed completely unbelievable to me.

That was when I began analyzing the situation more carefully.

“An electrical cloud,” I thought.

I paid attention to my surroundings and tried to gauge the speed of the wind. However, I noticed that there wasn’t any wind that, at least from my perspective, could explain how quickly it had approached.

Then another question came to mind:

Why had it appeared so quickly?

I kept watching.

I also began to realize that it didn’t seem like a large storm system. It was more like an isolated, dark, compact cloud. I even remember finding it somewhat amusing and thinking:

—That’s the storm?

The whole situation was very strange. My mind was trying to find a logical explanation for what was happening in front of me. Up until that point, I was still interpreting it as a weather phenomenon, because that was the most immediate explanation I could come up with.

But then something happened that completely changed my perception of the incident.

As I watched the formation, I noticed that the cloud didn’t seem to behave like a uniform mass. I had the impression that it was made up of a collection of clouds or segments that were constantly moving.

And then, at one point, to my enormous surprise, through those clouds I managed to glimpse a section that appeared metallic, as though it belonged to a craft or an enormous solid structure hidden inside.

I just stared at it.

At that age, my reaction was to say something like:

—Whoa!

Then I laughed, almost out of nervousness or disbelief, because I immediately thought that nobody was going to believe me.

I said to myself:

—I’m crazy. This can’t be possible.

But I kept watching.

The section I managed to see appeared unmistakably metallic to me. It didn’t remain visible for long, because the cloud itself covered it again as the entire formation continued moving over the block where I was.

However, there was something that continued to puzzle me.

It never rained.

And that question kept going around in my head:

How could there be a black cloud, apparently filled with lightning, so close and threatening, without a single drop of rain falling?

At that moment, I had countless questions. I continued analyzing the situation and trying to convince myself that it could be an electrical storm, but it seemed stranger and stranger. I found it difficult to understand how a storm could apparently be so small, isolated, and sudden, especially after I had seen a completely clear sky and hadn’t felt any wind that could explain its rapid arrival.

I was completely bewildered.

When I managed to see that metallic section suspended in the air, I also noticed another detail that remains in my memory: it didn’t appear round, nor did it have the classic “flying saucer” shape I had seen so many times in movies or drawings.

What I perceived was different.

It seemed to me like an enormous structure, a massive craft covered by clouds and those strange electrical flashes.

That is something I still remember very clearly to this day. The image was etched into my memory, and the experience was astonishing.

Many years have passed, and I still think about different possible explanations for what happened, but I almost never talk about it. The reason is simple: what I saw, I saw with my own eyes. As far as I know, no one else I knew witnessed that scene with me.

We also have to remember that this was 2004. Mobile phones at the time were very different from the ones we have today. Many were the large, basic devices that some people now remember as “brick phones,” and having a built-in camera on your phone wasn’t nearly as common as it is today. And, of course, I didn’t normally walk around my grandfather’s yard carrying a film camera with me.

That’s why I don’t have any photographs.

I don’t have any videos.

All I have is the memory of what I witnessed that afternoon.

Back then, I did watch television. There were cartoons and various channels showing movies in which UFOs would occasionally appear, usually depicted in the classic flying-saucer shape.

But what I saw looked nothing like those images.

What I saw was, according to my perception, an enormous structure surrounded or covered by clouds. If someone hadn’t been paying much attention, they probably would have assumed they were simply looking at a storm cloud.

That’s what I thought at first, too.

It was only after watching it for a longer period of time, noticing its behavior, the flashes occurring inside it, and finally the surface that I interpreted as metallic, that I began to consider the possibility that I might be witnessing something completely different.

And that is why, after all these years, the reflection that experience left me with remains the same:

Not everything you see is necessarily what it appears to be, and the explanation that seems obvious at first is not necessarily the final one.

sábado, 1 de noviembre de 2003

🔻 La Nave de los Locos (Noviembre 2003)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

Si quieres descargar este ejemplar, haz clic aquí


Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

martes, 1 de julio de 2003

🔻 La Nave de los Locos (Julio 2003)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

lunes, 2 de junio de 2003

🔻 La Nave de los Locos (Junio 2003)

 

🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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jueves, 1 de mayo de 2003

🔻 La Nave de los Locos (Mayo 2003)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

sábado, 1 de marzo de 2003

🔻 La Nave de los Locos (Marzo 2003)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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sábado, 18 de enero de 2003

🔻 Caso: Fabian Valenzuela | El Cajón del Maipo se iluminó de azul

 



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Caso: Fabian Valenzuela | El Cajón del Maipo se iluminó de azul 

Nombre del testigo: Fabián Valenzuela
Ciudad y País: Cajón del Maipo, Región Metropolitana, Chile
Fecha del incidente: 2003
Hora aproximada: Desde las 20:00 horas y durante la noche
Cantidad de Testigos: Aproximadamente 9 personas
Dirección o Coordenadas: Sector de Puente Colorado, Cajón del Maipo, Región Metropolitana, Chile

Investigación por Iván Vega Recabal

Fabián Valenzuela tenía 25 años cuando, junto a un grupo de amigos, realizó una excursión en bicicleta por el Cajón del Maipo, en la Región Metropolitana de Chile. 

Hoy, a los 45 años, Fabián conserva un recuerdo vívido de lo ocurrido durante esa jornada y de una sucesión de circunstancias que marcaron profundamente su memoria.

Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI

Éramos alrededor de nueve personas viajando en bicicleta por el Cajón del Maipo. Llegamos aproximadamente a las 20:00 horas, cuando la luz del día comenzaba a desaparecer, pese a encontrarnos en plena época de verano. Nos detuvimos en un camino situado a mano izquierda mientras se asciende hacia el sector de Puente Colorado.

Al caer la noche, decidimos acampar en ese lugar. Recuerdo que el río formaba una curva cerca de donde nos instalamos y que el sonido del agua era muy intenso. Su fuerza se hacía sentir constantemente en medio de la oscuridad y nos advertía que no debíamos acercarnos demasiado a la orilla, pues podía resultar peligroso.

Una vez instalados, nos acomodamos para contemplar el cielo e intentar descubrir satélites. Era una noche despejada y muy estrellada; el cielo se veía realmente hermoso. Durante un buen rato observamos numerosos puntos luminosos que identificábamos como satélites, desplazándose lentamente sobre nuestras cabezas.

Todo parecía formar parte de una tranquila noche de verano en la montaña.

Entonces ocurrió algo.

De pronto, de un segundo a otro, el cielo entero pareció iluminarse como si hubiese estallado un enorme relámpago. Era una luz de un azul eléctrico muy intenso y, al mismo tiempo, increíblemente hermosa. Habrá durado solamente unos tres segundos, pero para nosotros fue suficiente.



Quedamos completamente callados.

Atónitos.

Por algunos instantes, incluso parecía que nos habíamos quedado sin aire. Después comenzamos a mirarnos unos a otros y todos nos hicimos prácticamente la misma pregunta:

—¿Vieron eso?

La emoción fue inmediata. Recuerdo que decíamos que había sido genial. Estábamos extasiados y emocionados. Es difícil describir exactamente lo que sentimos en aquel momento, porque junto con la fascinación apareció también algo de miedo. Fue como si, durante aquellos segundos, el tiempo realmente se hubiera detenido. Había sido algo muy bonito, pero también profundamente extraño.

Aquella noche permanecimos conversando hasta tarde. Como cualquier grupo de jóvenes, comenzamos a contar historias, anécdotas y todo tipo de relatos mientras permanecíamos acostados. Después de lo que habíamos visto en el cielo, y de todo lo que habíamos estado conversando, la verdad es que ninguno se atrevía siquiera a levantarse para ir al baño.

En medio de aquello apareció un joven.

No dijo nada.


Solamente alcanzábamos a distinguir su figura y su manera de caminar, aproximadamente a unos veinte metros de donde nos encontrábamos acostados. Sin embargo, entre todo lo que habíamos conversado y lo que acabábamos de vivir aquella noche, ninguno de nosotros le dio demasiada importancia. Pensamos que, al igual que nosotros, podía tratarse simplemente de un joven perteneciente a algún otro campamento cercano.

Finalmente pasó la noche.

Apenas comenzó a amanecer, nos levantamos y empezamos a prepararnos para continuar nuestro camino hacia el lugar denominado El Toyo, porque esa era la meta que nos habíamos fijado para aquel recorrido.

Antes de marcharnos, alguien dijo:

—Vamos a mirar la orilla del río, donde anoche el agua sonaba tan fuerte.

Queríamos echar un vistazo antes de continuar el viaje.

Fuimos hacia ese sector y, antes de llegar a la orilla, encontramos una animita.

Nos acercamos.

En ella había una fotografía.

Era la imagen de la misma persona que nosotros creíamos haber visto merodeando durante la noche mientras permanecíamos acostados en el campamento.

Quedamos pasmados.

Durante unos momentos fue difícil comprender lo que estábamos viendo. Aquella coincidencia hizo que inmediatamente recordáramos la figura silenciosa que había pasado a unos veinte metros de nosotros durante la noche.

Nos arreglamos para continuar el viaje y uno de nosotros preguntó:

—Cabros, ¿se acuerdan de los destellos de luz que vimos anoche?

Todos respondieron que sí.

Entonces preguntamos por la persona que habíamos visto caminar cerca del campamento.

Nuevamente, todos respondieron que sí.

Y partimos.

Más tarde llegamos a El Toyo. Allí comenzamos a escuchar las conversaciones de otras personas que estaban acampando en el sector. Para nuestra sorpresa, comentaban que durante la noche anterior habían visto lo que describían como naves detrás del cerro. Según relataban, la situación había sido bastante aterradora. Algunos habían pensado que algo podía explotar o que desde detrás del cerro aparecerían luces, o algo por el estilo.

Eso era lo que comentaba la gente.

Nosotros nos miramos inmediatamente.

Entonces comenzamos a contarles que también habíamos presenciado aquellos extraños destellos de luz durante la noche, pero desde el sector de Puente Colorado, precisamente el lugar desde donde veníamos.

La coincidencia hizo que prácticamente no se hablara de otra cosa durante aquel día. El tema fueron aquellas supuestas naves, los destellos de colores y las diferentes luces que varias personas afirmaban haber observado durante la misma noche desde distintos lugares del Cajón del Maipo.

Yo viví esta experiencia cuando tenía 25 años.

Ahora tengo 45 y puedo decir que continúa siendo inolvidable. Han transcurrido veinte años desde aquella noche y, aun así, el recuerdo permanece conmigo. De hecho, cuando converso sobre lo sucedido todavía me emociono.

Lo recuerdo como si hubiera ocurrido ayer.



¿Eres testigo? Si has vivido un encuentro cercano con el fenómeno OVNI/UAP, puede escribirnos al siguiente correo electrónico: MiTestimonioOvni@gmail.com Antes de enviar tu caso, te recomendamos revisar nuestra guía práctica para testigos, donde encontrarás consejos útiles para registrar tu testimonio: AQUÍ

Derechos de Autor: El presente testimonio está protegido por derechos de autor y forma parte del material de investigación del escritor e investigador Iván Vega Recabal. Su publicación completa será incluida en su próximo libro. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.

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Case: Fabián Valenzuela | El Cajón del Maipo Lit Up Blue

Witness Name: Fabián Valenzuela
City and Country: Cajón del Maipo, Santiago Metropolitan Region, Chile
Date of Incident: 2003
Approximate Time: From 8:00 p.m. and throughout the night
Number of Witnesses: Approximately 9 people
Location or Coordinates: Puente Colorado area, Cajón del Maipo, Santiago Metropolitan Region, Chile


Investigation by Iván Vega Recabal


Fabián Valenzuela was 25 years old when he and a group of friends went on a bicycle excursion through Cajón del Maipo, in Chile’s Santiago Metropolitan Region.
Today, at the age of 45, Fabián retains a vivid memory of what happened that day and of a series of events that left a profound impression on him.


Make yourself comfortable, because a new UFO Testimony begins here


There were about nine of us traveling by bicycle through Cajón del Maipo. We arrived at approximately 8:00 p.m., just as daylight was beginning to fade, even though it was the height of summer. We stopped along a road on the left-hand side as you head uphill toward the Puente Colorado area.

As night fell, we decided to camp there. I remember that the river curved near where we had set up camp and that the sound of the water was extremely loud. Its force could be felt constantly in the darkness, reminding us not to get too close to the riverbank because it could be dangerous.

Once we had settled in, we made ourselves comfortable and began looking up at the sky, trying to spot satellites. It was a clear, star-filled night; the sky was truly beautiful. For quite some time, we watched numerous points of light that we identified as satellites moving slowly above our heads.

Everything seemed to be part of a peaceful summer night in the mountains.
Then something happened.

Suddenly, from one second to the next, the entire sky seemed to light up as though an enormous flash of lightning had erupted. It was an incredibly intense electric-blue light and, at the same time, remarkably beautiful. It probably lasted only about three seconds, but for us, that was enough.

We fell completely silent.
Stunned.

For a few moments, it even felt as though we had forgotten to breathe. Then we began looking at one another, and we all asked practically the same question:
“Did you see that?”

The excitement was immediate. I remember us saying how amazing it had been. We were ecstatic and exhilarated. It is difficult to describe exactly what we felt at that moment because, along with the fascination, there was also a certain amount of fear. It was as though time had truly stopped during those few seconds. It had been something very beautiful, but also profoundly strange.

That night, we stayed up talking until late. Like any group of young people, we began telling stories, anecdotes, and all kinds of tales while lying there. After what we had seen in the sky, and after everything we had been talking about, the truth is that none of us even dared to get up to go to the bathroom.

In the midst of all this, a young man appeared.

He said nothing.

All we could make out was his figure and the way he walked, approximately twenty meters from where we were lying. However, given everything we had been talking about and what we had just experienced that night, none of us paid much attention to him. We assumed that, like us, he might simply be a young man from another campsite nearby.

Eventually, the night passed.

As soon as dawn began to break, we got up and started preparing to continue on our way toward a place called El Toyo, since that was the destination we had set for ourselves on that trip.

Before leaving, someone said:
“Let’s go take a look at the riverbank, where the water was so loud last night.”

We wanted to have a look before continuing our journey.
We headed toward that area and, before reaching the riverbank, we came across a roadside memorial shrine.

We approached it.
There was a photograph on it.

It was a picture of the same person we believed we had seen wandering around during the night while we were lying at the campsite.

We were stunned.

For a few moments, it was difficult to comprehend what we were seeing. That coincidence immediately brought back the memory of the silent figure who had walked past us, about twenty meters away, during the night.

We got ourselves ready to continue the journey, and one of us asked:
“Guys, do you remember the flashes of light we saw last night?”
Everyone said yes.

Then we asked about the person we had seen walking near the campsite.
Again, everyone said yes.
And we left.

Later, we arrived at El Toyo. There, we began overhearing conversations among other people who were camping in the area. To our surprise, they were saying that the previous night they had seen what they described as craft behind the hill. According to them, the situation had been quite frightening. Some had thought that something might explode or that lights—or something similar—might emerge from behind the hill.

That was what people were saying.
We immediately looked at one another.

Then we began telling them that we, too, had witnessed those strange flashes of light during the night, but from the Puente Colorado area, precisely where we had just come from.
The coincidence meant that practically nothing else was discussed that day. The main topic of conversation was those alleged craft, the flashes of different colors, and the various lights that several people claimed to have observed during the same night from different locations throughout Cajón del Maipo.

I had this experience when I was 25 years old.

I am 45 now, and I can say that it remains unforgettable. Twenty years have passed since that night, and yet the memory has stayed with me. In fact, whenever I talk about what happened, I still get emotional.
I remember it as if it had happened yesterday.



This testimony is protected by Copyright and forms part of the research material of writer and investigator Iván Vega Recabal. Its complete publication will be included in his upcoming book. Any total or partial reproduction is prohibited without written authorization.

© All rights reserved.


miércoles, 1 de enero de 2003

🔻 La Nave de los Locos (Enero 2003)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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Nota: la descarga de los ejemplares están autorizados por sus editores.

viernes, 1 de noviembre de 2002

🔻 La Nave de los Locos (Nov 2002)


 🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

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domingo, 1 de septiembre de 2002

🔻 La Nave de los Locos (Septiembre 2002)

 

🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

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lunes, 1 de julio de 2002

🔻 La Nave de los Locos (Julio 2002)


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miércoles, 1 de mayo de 2002

🔻 La Nave de los Locos (Mayo 2002)


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viernes, 1 de marzo de 2002

🔻 La Nave de los Locos (Marzo 2002)


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martes, 1 de enero de 2002

🔻 La Nave de los Locos (Enero 2002)


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En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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jueves, 1 de noviembre de 2001

🔻 La Nave de los Locos (Noviembre 2001)


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En 2010 la publicación regresó en formato de libro de lujo, con la participación de destacados especialistas internacionales y conservando su espíritu escéptico, aunque abierto al diálogo con otras miradas.

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sábado, 1 de septiembre de 2001

🔻 La Nave de los Locos (Septiembre 2001)


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jueves, 2 de agosto de 2001

🔻 La Nave de los Locos (Agosto 2001)



🔻 La Nave de los Locos nació en Chile en el año 2000 como un boletín escéptico dedicado a la ufología y las pseudociencias. Fue creado y editado por Sergio Sánchez R. y Diego C. Zúñiga, quienes le dieron un enfoque crítico y periodístico. Durante siete años publicaron 36 números, hasta su cierre en 2006. Su aporte fue reconocido en 2001 con el premio “Cuadernos de Ufología”.

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domingo, 15 de julio de 2001

🔻 Caso: Samuel Delgado | La Luz que lo llamó.

 



Caso: Samuel Delgado | 
La Luz que lo llamó

Nombre del testigo: Samuel Delgado.
Ciudad y País: San Bernardo, Santiago, Chile.
Fecha del incidente: Julio de 2001, aproximadamente a mediados de mes, un viernes.
Hora aproximada: Entre las 20:00 y las 21:30 horas.
Cantidad de Testigos: 2 testigos directos de la luz (Samuel Delgado y su madre); además, familiares y vecinos percibieron fenómenos asociados, principalmente el zumbido, los destellos y las condiciones ambientales inusuales.
Dirección o Coordenadas: Comuna de San Bernardo, Santiago de Chile. 


Investigación por: Iván Vega Recabal 

Samuel Delgado tenía aproximadamente 21 años cuando vivía en la comuna de San Bernardo, en Santiago de Chile. Era julio de 2001, pleno invierno, y por aquel entonces estudiaba una carrera relacionada con el sonido, mientras mantenía un profundo interés por la música y la astronomía.

Una noche de aquel mes, mientras Samuel se encontraba en su hogar junto a parte de su familia, comenzó una experiencia que permanecería en su memoria durante las décadas siguientes. Lo ocurrido aquella jornada marcaría un punto significativo en su historia personal y en la forma en que posteriormente interpretaría determinadas experiencias de su vida.

Ponte cómodo, porque aquí comienza un nuevo Testimonio OVNI.

Bueno, comienzo mi relato. Mi nombre es Samuel Delgado. Soy de la ciudad de Santiago de Chile, específicamente de la comuna de El Bosque. En el año 2001, cuando me ocurrió este suceso, yo vivía en la comuna de San Bernardo y tenía aproximadamente 21 años.

En aquel entonces tenía muchas expectativas diferentes respecto de mi futuro. Quería convertirme en un gran músico o trabajar en un importante estudio de postproducción. Hoy tengo 42 años y me desempeño como ingeniero en Ejecución y Administración de Redes.

Ese año me encontraba estudiando una carrera del área de técnico de sonido. Siempre fui un joven de casa, muy cercano a mi familia. Tenía mis amigos, pero no acostumbraba salir a fiestas; hacía deporte y siempre me gustó mucho la música.

Al mismo tiempo, sentía una enorme fascinación por la astronomía. Podría decir que era una especie de pseudoastrónomo amateur, muy aficionado y con bastante conocimiento sobre temas relacionados con el espacio. Admiraba las estrellas, conocía los planetas y sabía identificar varios objetos del cielo. Sin embargo, finalmente decidí estudiar sonido porque la música constituía mi otra gran pasión.

Me encontraba terminando el primer semestre de mis estudios. Era pleno invierno, una época en que el frío en Santiago puede sentirse con mucha intensidad, especialmente durante las mañanas y las noches. Recuerdo que, en invierno, el frío me calaba profundamente los huesos.

Era un viernes del mes de julio, aproximadamente a mediados de mes. Me encontraba en casa, en mi habitación, viendo alguna película. Aquel día, específicamente, el clima comenzó a sentirse bastante extraño.

Era pleno invierno y se acercaban las ocho de la noche cuando la temperatura empezó a subir de manera muy brusca. Recuerdo perfectamente ese detalle porque muchas personas, incluidos algunos vecinos, mi mamá, uno de mis hermanos y yo, andábamos prácticamente en polera. La temperatura parecía casi tropical.

Algo extraño estaba sucediendo con el ambiente, pero ninguno de nosotros sabía explicar por qué. En ese momento simplemente pensamos que podía tratarse de una anomalía puntual del clima de aquel día.

Mientras observábamos ese ambiente que ya nos parecía extraño —nuboso y, al mismo tiempo, inusualmente tibio—, comenzó a escucharse un zumbido constante. Era un sonido similar al producido por la turbina de un avión.

Lo extraño era que ese supuesto avión nunca aparecía ni terminaba de pasar.

El sonido permanecía allí.

Era continuo.

El zumbido se mantuvo durante bastante tiempo; aproximadamente un par de horas, según recuerdo.

Mientras tanto, mi mamá y yo continuábamos observando que el clima seguía comportándose de una manera muy extraña. Incluso las aves parecían reaccionar ante aquel sonido. Había mucho movimiento de pájaros por distintos lugares y la sensación era que aquello provenía de un punto específico situado directamente sobre nuestra casa.

Digo "sobre nuestra casa" porque, debido a la intensidad y procedencia aparente del sonido, mi impresión era que no podía encontrarse mucho más allá de unos 500 metros.

Después de permanecer bastante tiempo percibiendo aquella extraña situación en el ambiente, acompañada por ese zumbido que parecía no desplazarse nunca, comenzamos a observar destellos en el cielo.



Eran similares a flashes de cámaras fotográficas.

En un principio pensamos que podían ser relámpagos provenientes de las nubes, pero, desde nuestra percepción, no parecían comportarse como relámpagos normales.

Finalmente decidí acostarme, porque ya eran cerca de las nueve y media de la noche. Si bien todo aquello resultaba bastante extraño, pensé que tampoco conseguiría nada quedándome allí durante horas mirando hacia el cielo.

Llegué a mi habitación y me puse a ver televisión.

Entonces ocurrió algo que todavía recuerdo claramente.

De pronto sentí una voz dentro de mi cabeza que me dijo:

"Samuel, sal a mirar".

Aunque pueda parecer increíble, así fue como lo experimenté.

Sentí inmediatamente una necesidad muy fuerte de salir y mirar hacia el exterior. Fui hasta la entrada del antejardín, levanté la cabeza hacia el cielo y dije:

"Señor, quiero ver lo que hay allí".

Lo pedí de esa forma porque soy cristiano y mi manera de interpretar muchas de las experiencias importantes de mi vida siempre ha estado relacionada con mi fe.

Fue entonces cuando, de pronto, vi sobre mi cabeza, a una altura que calculé en no más de 100 metros, una luz extremadamente intensa. Era similar a unos focos LED de gran potencia y tenía un color completamente blanco. Su intensidad me parecía comparable a la del Sol, aunque existía una diferencia que me resultaba desconcertante: aquella luz no parecía iluminar todo el sector, sino principalmente el lugar donde me encontraba yo.

En ese momento vi cómo la luz descendía desde entre las nubes hasta alcanzar aproximadamente la altura que mencioné. Desde mi posición podía apreciar una forma aparentemente ovalada.



Intenté hablar.

Quería llamar a alguien para tener testigos de lo que estaba observando.

Traté de llamar a mi mamá con todas mis fuerzas, pero no pude hacerlo.

La voz simplemente no me salía.

Me encontraba paralizado.

Hasta el día de hoy no puedo asegurar exactamente qué ocurrió durante ese estado de parálisis porque no recuerdo completamente aquella parte de la experiencia. Mi percepción del tiempo parecía haberse alterado. Por ese motivo tampoco puedo afirmar si la luz descendió todavía más, hasta el lugar exacto donde yo me encontraba, ni reconstruir con precisión todos los detalles de ese momento.

Hay además otro elemento que recuerdo.

El sonido ambiental cambió.

Cuando aquella luz descendió, el zumbido que durante tanto tiempo habíamos asociado a una especie de turbina dejó de escucharse.

De pronto, ya no estaba.

Mientras tanto, yo continuaba inmóvil, observando aquella luz sobre la casa de mi mamá, directamente sobre mí. Intentaba llamarla una y otra vez, hasta que finalmente conseguí recuperar la voz y grité con todas mis fuerzas:

"¡Mamáaaa!".

No sé cuánto tiempo había transcurrido.

Cuando ella acudió al escucharme, alcanzó a observar parte de aquella luz mientras esta parecía introducirse nuevamente entre las nubes. Recuerdo que ella también se sorprendió al verla.



Después de aquello, el sonido desapareció por completo.

La temperatura comenzó a volver a lo que considerábamos normal para una noche de invierno en Santiago. Nuevamente empezó a sentirse frío y los destellos que anteriormente habíamos observado en el cielo dejaron de aparecer.

Al día siguiente ocurrió algo que para mí fue importante, porque permitió confirmar, al menos, que una parte de aquella situación ambiental no había sido percibida solamente por mí.

Otros vecinos no habían visto lo mismo que yo aseguraba haber observado, pero sí habían escuchado aquel extraño zumbido.

Recuerdo que al día siguiente uno de ellos me dijo:

"Samuel, ¿escuchaste el ruido que había ayer?".

Entonces le conté lo que había vivido.

Obviamente, no me creyó.

Sin embargo, él sí había escuchado el zumbido.

Después de aquella experiencia comenzaron a ocurrir en mi vida diferentes situaciones que hicieron que mi manera de comprender ciertos conceptos cambiara. Comencé a observar el mundo de otra forma y a prestar atención a cosas que anteriormente quizás habría ignorado. También llegué a sentir que existían determinadas realidades o verdades que muchas personas no podían ver o frente a las cuales, por diferentes motivos, permanecían prácticamente ciegas.

También percibí cambios físicos en mi cuerpo.

Sentía que mis sentidos se habían vuelto considerablemente más sensibles. A través de mis oídos podía percibir vibraciones que anteriormente no recordaba escuchar. Mi vista parecía haberse agudizado. Lo mismo sentía respecto del olfato: percibía olores que antes pasaban inadvertidos para mí. También notaba diferencias en el gusto y en la sensibilidad de la piel.

Desde antes del año 2001 yo ya tenía sueños que consideraba muy extraños.

Como creyente en Dios, en aquella época pensaba que podían ser una especie de revelaciones. Sin embargo, generalmente eran sueños ambiguos, difíciles de interpretar y cargados de imágenes metafóricas.

Después de aquella experiencia, en cambio, algunos de mis sueños comenzaron a parecerme mucho más literales.

En Chile, como ustedes bien saben, ocurrió el gran terremoto del año 2010, acompañado por un tsunami. Yo había tenido durante el año 2009 un sueño relacionado con un fenómeno de esas características.



En aquel sueño veía olas gigantes que ingresaban al interior de un lugar que en ese momento no podía identificar. Veía barcos y me encontraba dentro de unas construcciones similares a las casas que, en el sur de Chile, se conocen como palafitos, edificaciones levantadas a cierta altura sobre pilotes.

Yo estaba solo en un segundo piso y observaba cómo el agua entraba por las calles.

También veía barcos varados en lugares urbanos, incluso en plazas.

Ese sueño ocurrió aproximadamente en octubre de 2009.

Cuando se produjo el terremoto y tsunami de Chile, el 27 de febrero de 2010, observé en los informativos y las noticias imágenes que me recordaron intensamente aquello que había visto durante ese sueño.

Sin embargo, existía un detalle que todavía no lograba comprender.

¿Por qué había visto barcos tan grandes?

Tiempo después ocurrió el terremoto y tsunami de Japón, en marzo de 2011. Cuando vi las imágenes de aquella catástrofe y los barcos arrastrados por la fuerza del mar, volví a recordar lo que había soñado.



Para mí, aquellas experiencias eran definitivamente premoniciones.

Esa es la interpretación que les doy.

Bueno, ese es mi testimonio. Sé que dentro de la ufología existen diferentes clasificaciones para los encuentros y experiencias de contacto, y durante mucho tiempo relacioné lo que me ocurrió con aquello que se conoce como un encuentro cercano y con experiencias en las que una persona afirma recibir algún tipo de mensaje.

Mi conclusión personal es que, a veces, determinadas cosas parecen estar destinadas a ciertas personas. Y si Dios permitió que yo experimentara algo así, creo que debió existir alguna razón.

Quizás algún objetivo.

Quizás la posibilidad de ayudar.

O simplemente la responsabilidad de entregar mi testimonio para decir que, desde mi experiencia y desde aquello que viví aquella noche, este fenómeno es real.

Tal vez todo aquello forme parte de algo que Dios quiere que, de alguna manera, llegue a realizarse.



Testigos: Si has vivido un encuentro cercano con el fenómeno OVNI/UAP, puede escribirnos al siguiente correo electrónico: MiTestimonioOvni@gmail.com Antes de enviar tu caso, te recomendamos revisar nuestra guía práctica para testigos, donde encontrarás consejos útiles para registrar tu testimonio: AQUÍ

Derechos de Autor: El presente testimonio está protegido por derechos de autor y forma parte del material de investigación del escritor e investigador Iván Vega Recabal. Su publicación completa será incluida en su próximo libro. Queda prohibida su reproducción total o parcial sin autorización.

© Todos los derechos reservados.




Case: Samuel Delgado | The Light That Called Him

Investigation by: Iván Vega Recabal

Witness Name: Samuel Delgado
City and Country: San Bernardo, Santiago, Chile
Date of Incident: July 2001, approximately mid-month, on a Friday
Approximate Time: Between 8:00 p.m. and 9:30 p.m.
Number of Witnesses: 2 direct witnesses to the light (Samuel Delgado and his mother); in addition, relatives and neighbors perceived associated phenomena, mainly the humming sound, flashes, and unusual environmental conditions.
Address or Coordinates: San Bernardo district, Santiago, Chile. 


Samuel Delgado was approximately 21 years old when he lived in the district of San Bernardo, in Santiago, Chile. It was July 2001, the middle of winter, and at the time he was studying a sound-related field while maintaining a deep interest in music and astronomy.

One night that month, while Samuel was at home with some members of his family, an experience began that would remain in his memory for decades to come. What happened that night would mark a significant point in his personal history and in the way he would later interpret certain experiences in his life.


Make yourself comfortable, because a new UFO Testimony begins here.


Well, I’ll begin my story. My name is Samuel Delgado. I’m from the city of Santiago, Chile, specifically the district of El Bosque. In 2001, when this event happened to me, I was living in the district of San Bernardo and was approximately 21 years old.

At the time, I had many different expectations for my future. I wanted to become a great musician or work at a major post-production studio. Today I am 42 years old and work as a Network Administration and Engineering professional.

That year, I was studying in the field of sound engineering. I had always been a homebody and very close to my family. I had my friends, but I wasn’t someone who usually went out partying. I played sports, and music had always been one of my greatest interests.

At the same time, I had an enormous fascination with astronomy. You could say I was a kind of amateur pseudo-astronomer, a very enthusiastic one, with considerable knowledge of subjects related to space. I admired the stars, knew the planets, and could identify various objects in the night sky. However, I ultimately decided to study sound because music was my other great passion.

I was finishing the first semester of my studies. It was the middle of winter, a time when the cold in Santiago can be very intense, especially in the mornings and at night. I remember that during winter, the cold would chill me to the bone.

It was a Friday in July, approximately the middle of the month. I was at home in my bedroom, watching some movie. That particular day, the weather began to feel quite strange.

It was the middle of winter, and as eight o’clock in the evening approached, the temperature suddenly began to rise. I remember that detail perfectly because many people—including some neighbors, my mother, one of my brothers, and me—were practically walking around in T-shirts. The temperature felt almost tropical.

Something strange was happening with the environment, but none of us knew how to explain it. At the time, we simply thought it might be some unusual weather anomaly occurring that day.

As we observed this atmosphere, which already seemed strange to us—cloudy yet unusually warm—we began to hear a constant humming sound. It sounded similar to the noise produced by an airplane turbine.

The strange thing was that this supposed airplane never appeared or finished passing overhead.

The sound simply remained there.

It was continuous.

The humming persisted for quite a long time—approximately a couple of hours, as I recall.

Meanwhile, my mother and I continued noticing that the weather was behaving in a very unusual way. Even the birds seemed to react to the sound. There was a great deal of bird activity in different places, and the impression was that whatever was producing the sound was coming from a specific point directly above our house.

I say “above our house” because, judging by the intensity and apparent origin of the sound, my impression was that it could not have been much farther away than about 500 meters.

After spending quite some time observing that strange situation in the environment, accompanied by the humming sound that never seemed to move, we began to see flashes in the sky.

They looked like camera flashes.

At first, we thought they might be lightning coming from the clouds, but from our perspective, they did not seem to behave like normal lightning.

Eventually, I decided to go to bed because it was already close to nine thirty at night. Although everything that was happening seemed quite strange, I figured I wouldn’t accomplish anything by standing there for hours staring at the sky.

I went to my bedroom and started watching television.

Then something happened that I still remember clearly.

Suddenly, I felt a voice inside my head saying:

“Samuel, go outside and look.”

As incredible as it may sound, that is how I experienced it.

I immediately felt a very strong urge to go outside and look. I went to the entrance of the front yard, raised my head toward the sky, and said:

“Lord, I want to see what is up there.”

I asked in that way because I am a Christian, and my way of interpreting many of the important experiences in my life has always been connected to my faith.

That was when, suddenly, I saw an extremely intense light above my head, at an altitude I estimated to be no more than 100 meters. It resembled extremely powerful LED spotlights and was completely white. Its intensity seemed comparable to that of the Sun, although there was one difference that I found bewildering: the light did not seem to illuminate the entire surrounding area, but mainly the place where I was standing.

At that moment, I watched the light descend from between the clouds until it reached approximately the altitude I mentioned. From where I stood, I could make out an apparently oval shape.

I tried to speak.

I wanted to call someone so that I would have witnesses to what I was seeing.

I tried with all my strength to call my mother, but I couldn’t.

My voice simply wouldn’t come out.

I was paralyzed.

To this day, I cannot say exactly what happened during that state of paralysis because I do not completely remember that part of the experience. My perception of time seemed to have been altered. For that reason, I also cannot say whether the light descended even farther, all the way to the exact place where I was standing, nor can I reconstruct every detail of that moment with precision.

There is another element I remember.

The ambient sound changed.

When that light descended, the humming sound that we had associated for so long with some kind of turbine stopped.

Suddenly, it was gone.

Meanwhile, I remained motionless, staring at the light above my mother’s house, directly over me. I kept trying to call her again and again until I finally managed to regain my voice and screamed as loudly as I could:

“Mooooom!”

I don’t know how much time had passed.

When she came after hearing me, she managed to see part of that light as it appeared to disappear back into the clouds. I remember that she was also surprised when she saw it.

After that, the sound disappeared completely.

The temperature began returning to what we considered normal for a winter night in Santiago. It started feeling cold again, and the flashes we had previously observed in the sky stopped appearing.

The following day, something happened that was important to me because it confirmed, at least, that part of that unusual environmental situation had not been perceived by me alone.

Other neighbors had not seen what I claimed to have observed, but they had heard the strange humming sound.

I remember that the following day one of them said to me:

“Samuel, did you hear that noise yesterday?”

Then I told him what I had experienced.

Obviously, he didn’t believe me.

However, he had heard the humming sound.

After that experience, different things began happening in my life that changed the way I understood certain concepts. I began to see the world differently and to pay attention to things that I might previously have ignored. I also came to feel that there were certain realities or truths that many people could not see or to which, for different reasons, they remained practically blind.

I also perceived physical changes in my body.

I felt that my senses had become considerably more sensitive. Through my ears, I could perceive vibrations that I did not remember being able to hear before. My eyesight seemed to have become sharper. I felt the same about my sense of smell: I could detect odors that had previously gone unnoticed. I also noticed differences in my sense of taste and in the sensitivity of my skin.

Even before 2001, I had already been having dreams that I considered very strange.

As someone who believes in God, at the time I thought they might be some kind of revelation. However, they were generally ambiguous dreams, difficult to interpret and filled with metaphorical imagery.

After that experience, however, some of my dreams began to seem much more literal.

In Chile, as you are well aware, the great earthquake of 2010 occurred, accompanied by a tsunami. During 2009, I had a dream related to an event of that nature.

In that dream, I saw gigantic waves entering a place that I could not identify at the time. I saw ships, and I found myself inside structures similar to the houses known in southern Chile as *palafitos*—buildings raised above the ground or water on stilts.

I was alone on a second floor, watching the water flow through the streets.

I also saw ships stranded in urban areas, even in public squares.

That dream occurred around October 2009.

When the earthquake and tsunami struck Chile on February 27, 2010, I saw images on television and in the news that strongly reminded me of what I had seen in that dream.

However, there was one detail that I still could not understand.

Why had I seen such large ships?

Some time later, the earthquake and tsunami struck Japan in March 2011. When I saw images of that catastrophe and the ships being swept away by the force of the sea, I once again remembered what I had dreamed.

For me, those experiences were definitely premonitions.

That is how I interpret them.

Well, that is my testimony. I know that within ufology there are different classifications for encounters and contact experiences, and for a long time I associated what happened to me with what is known as a close encounter and with experiences in which a person claims to receive some kind of message.

My personal conclusion is that sometimes certain things seem destined for certain people. And if God allowed me to experience something like that, I believe there must have been a reason.

Perhaps some purpose.

Perhaps the possibility of helping others.

Or simply the responsibility of sharing my testimony to say that, based on my experience and what I lived through that night, this phenomenon is real.

Perhaps all of this is part of something that God wants, in some way, to come to pass.



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domingo, 1 de julio de 2001

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martes, 1 de mayo de 2001

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🔻 Testimonios de Primera Fuente: Método y Rigurosidad en la Investigación OVNI

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