Hay algo que considero esencial en cualquier ámbito donde se investigue, se escriba, se formulen hipótesis o se expongan ideas públicamente: debemos aprender a convivir con la crítica y, sobre todo, a distinguirla del ataque personal.
La historia de la ufología ofrece buenos ejemplos de aquello.
Jacques Vallée se atrevió a cuestionar abiertamente la interpretación extraterrestre predominante cuando buena parte del mundo ufológico la consideraba prácticamente el marco natural para explicar el fenómeno. Pero también fue crítico del trabajo de otros investigadores, entre ellos John Keel. Lo interesante es que esa crítica no le impidió reconocer aspectos que consideraba valiosos en su trabajo: podía valorar su investigación de campo, algunas de sus observaciones e intuiciones y, al mismo tiempo, discrepar respecto de determinadas conclusiones o de la solidez de algunas fuentes.
Y probablemente ahí existe una enseñanza importante: se puede respetar profundamente a una persona y cuestionar parte de su trabajo.
Se puede reconocer el esfuerzo detrás de una investigación y pensar que metodológicamente uno habría seguido otro camino. Se puede admirar a un autor y discrepar con una de sus conclusiones. Incluso se puede modificar la propia posición cuando aparecen nuevos antecedentes. Eso no debilita al investigador; es parte natural del pensamiento crítico.
Por eso considero fundamental diferenciar: una crítica constructiva de una descalificación.
No hablo de aquellos espacios —lamentablemente frecuentes en internet y particularmente en algunos canales de YouTube— donde se denosta, ridiculiza, prejuzga, injuria o incluso se levantan acusaciones contra otras personas. Eso no es crítica y personalmente estoy completamente en contra de esas prácticas.
Pero tampoco podemos caer en el extremo contrario: interpretar cualquier discrepancia como una agresión.
Quienes decidimos investigar, escribir libros, formular hipótesis, participar en entrevistas o expresar públicamente nuestras ideas estamos, inevitablemente, sometidos al escrutinio de los demás. Un periodista, un investigador, un lector o cualquier persona puede preguntarnos qué pensamos sobre nuestro trabajo o sobre el trabajo de otro. Y deberíamos tener la legítima libertad de responder con sinceridad, siempre que lo hagamos con argumentos, respeto y altura de miras.
Me preocupa cuando se generan espacios donde pareciera que opinar críticamente sobre el trabajo de otro pudiera interpretarse como una traición o una falta de lealtad. Creo que ocurre justamente lo contrario: una comunidad madura debería ser capaz de aceptar la discrepancia respetuosa como parte natural del intercambio de ideas.
Más aún cuando hablamos del fenómeno OVNI/UAP, un campo en el que convivimos permanentemente con información incompleta, testimonios, interpretaciones, hipótesis y distintos grados de evidencia. Si existe un ámbito donde deberíamos estar especialmente abiertos a revisar nuestras conclusiones, es precisamente éste.
Por eso, cuando recibimos una crítica, quizás convendría hacer primero un ejercicio muy sencillo: leer exactamente lo que está escrito y no aquello que emocionalmente creemos que está diciendo.
¿Existe descalificación, ninguneo, prejuicio, injuria o calumnia? ¿Existe una intención evidente de dañar o desacreditar a la persona?
Si nada de aquello está presente y lo que encontramos son argumentos, preguntas, diferencias metodológicas o una interpretación distinta, entonces no estamos frente a un ataque. Estamos frente a una discrepancia legítima, vale decir una critica constructiva.
No podemos pedir pensamiento crítico frente a las afirmaciones de los demás y esperar inmunidad cuando se examinan las nuestras.
La crítica constructiva no debilita una investigación: nos debería de poner a reflexionar si pudimos haberlo hecho distinto o algo de esa critica nos sirve para considerarla a futuro.
Y quizás una señal de madurez, tanto personal como colectiva, sea comprender finalmente que discrepar no significa enemistarse y cuestionar no significa que sea un ataque personal.
En un campo donde todavía existen tantas preguntas abiertas, ninguno de nosotros posee la verdad absoluta y todos podemos aprender del escrutinio respetuoso de los demás.
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